Una enseñanza Tolteca para reflexionar

“Que los sentidos coman con avidez y que como las abejas, transformen sus alimentos en miel, para con esa miel alimenten a Tezcatlipoca, para que con la carne y sangre de este, se alimente Quetzalcoatl…… pero que Huitzilopochtli coma su propia carne y beba su propia sangre”. (Oraciòn Tolteca – Mexica)

La mirada intoxicada que alimenta la creencia en masivos sacrificios humanos entre los Mexicas se basa, también, en oraciones como ésta, donde –a tenor de lo interpretado primero por los conquistadores, luego por los ecleciásticos, finalmente por los herederos culturales de ellos- los “dioses” se alimentaban casi antropofágicamente de ellos mismos y entre sí. Y es ignorar el significado simbólico, alegórico, metafórico, en resumen, Iniciático y esotérico de ese Conocimiento.
En efecto, simbólicamente Quetzalcoatl representaba la Inteligencia. Tezcatlipoca, la Intuiciòn y la Memoria. Huizilopochtli, por su parte, la Voluntad. De tal manera que podemos reescribir, “exotéricamente”, esa oraciòn así: “Los sentidos físicos deben alimentarse de vivencias y sensaciones, para transformarlas en experiencia que queda en la Memoria. De ella, de la reflexiòn sobre ella, se alimenta la Inteligencia… pero la Voluntad, ella, tiene que alimentarse (fortalecerse) a sí misma.

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EL RITUAL TEZCATLIPOCA

La Conquista —y la historia “oficial” que vino después— nos quiso convencer de que Quetzalcoátl, Tezcatlipoca y otros “entes” eran dioses, cebada esta concepción en una errónea lectura politeísta y sacrificial de la  cultura  nahuatl  y  maya.  En  el  caso  del  segundo, se  lo  supone  —por  los  mal informados— dios del inframundo, del caos y la destrucción. Quiero detenerme una vez más en este punto para aclarar algunos conceptos. Porque la única relación entre lo infernal y Tezcatlipoca, a la mente embrutecida de los conquistadores españoles, pasaba por su relación con el ocaso, con el Occidente. Esto era ignorar que a título metafórico,  cada  una  de  estas  “emanaciones”  del  Increado,  Inmanifestado, Ipalnemohuani, se vincula con una “dirección” (cardinal). Y repasemos lo que escribí en alguna ocasión:

Por  sobre  todo,  por  estar  en  el  Todo  y  ser  el Todo,  está  IPALNEMOHUANI  (“aquello  por lo     que     vivimos”),     Inmanifestado.     Esta “inmanifestación”  subyace  como  el  “manas” polinésico,  el  “chi”  del  Celeste  Imperio,  el Atman teosófico. Pero el Uno deviene en Dos, y dimana en OMETEÓTL (la Dualidad), las dos Fuerzas  Creadoras  que  hacen  Manifiesto  lo Inmanifestado.  Yin  y  Yang.  El  Dos  deviene  en Cuatro (fuerzas que trabajan en la Creación): QUETZALCOÁTL   (que   es   el   rumbo   Este), TEZCATLIPOCA   (oeste),   XIPEC   –   TOTEC (Norte) y HUITZILOPOZTLI (sur).

  Admitámoslo. Es un concepto apasionante. De allí deviene que en realidad estas culturas eran fuertemente monoteístas. Mucho más que una Iglesia Católica que así se llama y no lo es. Porque esa Iglesia tiene tres personajes que son uno, y una larga serie de personas que elevadas a categorías santificadas, fungen de intermediarios: santos  y  beatos,  por  ejemplo,  además  de  una  pléyade  de  entidades  menores  o mayores:  arcángeles,  y  ángeles.  Y  así  como  se  dice que  griegos  y  romanos  eran politeístas (pese a que en ambas Zeus y Júpiter eran los dioses principales seguidos por una pletórica jerarquía de deidades menores) esta Iglesia católica también tiene su estructura piramidal en el Parnaso. Y además, por haber sido los “santos” humanos como usted y yo pero ahora intermediaristas, esta Iglesia católica, aunque le repugne, es  formalmente espiritista.  Y  después  se  mira  a  los  ancestros  americanos  como bárbaros.

cueva    Pero no nos vayamos por las nubes, que parece que el Vaticano ha rentado todos los apartamentos disponibles allí.  Así que Tezcatlipoca es una emanación que expresa y se manifiesta en distintos grados. Su nombre significa “espejo de obsidiana humeante (o empañado)” y de hecho en su culto se empleaban grandes espejos de esa piedra volcánica sobre las cuales los sacerdotes  focalizaban  su  atención  hasta  disparar  fenómenos  de  percepción extrasensorial. No puedo menos que recordar, insistentemente, el “espejo negro” del mago John Dee, el mismo que recibiera “de los ángeles” el “idioma enoquiano”. Y más allá de este recurso parapsicológico, Tezcatlipoca representa el inconsciente, ése que tiene una imagen de sí mismo como la que nos devuelve el espejo empañado. Y al “invocar” a Tezcatlipoca, el inconsciente se hace presente. Su ritual, por lo tanto, saca a la luz los miedos, los temores, las dudas, las inseguridades. Es, si se me permite, un “campo de entrenamiento” para otras experiencias más duras que vendrán después, sobre las que regresaré.

        Los  cánticos  a  Tezcatlipoca,  la  ceremonia  de  fumar  el  tabaco  consagrado,  la ofrenda a Tonatzintlalli, la Madre Tierra, nuestra Pachamama sureña, derramando un poco  de  bebida  fermentada sobre  la tierra. En eso consiste la formalidad ceremonial del Ritual. Abriendo, así, las Puertas de la Percepciòn.

LA PIRÁMIDE CIRCULAR DE CUICUILCO Y EL MUNDO SUBTERRÁNEO

Escribe Gustavo Fernández

Hecatombre de Cuicuilco, versiòn artística en el Museo de Sitio

Hecatombre de Cuicuilco, versiòn artística en el Museo de Sitio

“Las ruinas del santuario del dios del fuego fueron destruidas por el fuego. En un alba sin pájaros el mago vio cernirse contra los muros el incendio concéntrico. Por un instante, pensó refugiarse en las aguas, pero luego comprendió que la muerte venía a coronar su vejez y a absolverlo de sus trabajos. Caminó contra los jirones de fuego. Éstos no mordieron su carne, éstos lo acariciaron y lo inundaron sin calor y sin combustión. Con alivio, con humillación, con terror, comprendió que él también era una apariencia, que otro estaba soñándolo.”

“Las ruinas circulares” – Jorge Luis Borges

El Xitle

El Xitle

Estaba de pie al borde del cráter del Xitle, el engañoso pequeño volcán allí, en la sierra de Ajusco, cerniéndose casi sobre el Distrito Federal de México. Acaba de ascender, bañado en sudor, los casi cincuenta metros que me habían permitido –escondiéndome de los guardias forestales que ocasionalmente podrían acertar a allegarse- hollar el fondo del mismo y hacerme con algunos trozos dispersos de obsidiana. Ahora, mientras recuperaba el resuello –tal vez más

El borde del cráter, a lo lejos, el DF

El borde del cráter, a lo lejos, el DF

por la adrenalina de haber hecho algo indebido que por el esfuerzo- pensaba en ese asentamiento humano prehispánico que una dubitativa erupciòn de este volcán que acaba de mancillar había sepultado en lava: Cuicuilco.

El interior del cráter

El interior del cráter

Si uno “googlea” el término, encuentra dos constantes. Una, la que sitúa cronológicamente esa erupciòn en algún momento entre el año 200 A.C. y 400 D.C. La otra, la que ubica a la pirámide circular de Cuicuilco como única en su tipo en Mesoamérica. Ambas referencias, aún por “instaladas” son seguramente erróneas. De hecho, en el mismo Museo de Sitio de Cuicuilco se señala que si bien la última erupciòn del volcán es de esas fechas –sumamente ambiguas, debemos admitir- no se está seguro que sea la que sepultó al centro ceremonial. Aún más, es posible admitir que hubo dos erupciones. Una primigenia, que lo sepultara parcialmente y despoblara, y una segunda que terminara por cubrirlo. Pero el asombro salta a la vista cuando nos preguntamos cuándo habría sido la primera: tal vez, alrededor del 10.000 A.C. Si ésta es la que sepulta Cuicuilco, estamos ante uno de los más antiguos asentamientos cosmopolitas de la Tierra, y la Historia oficial se va al traste. Pero redoblamos nuestra apuesta y terminamos por arrumbar en el desván de los datos erróneos toda la información “clásica” cuando descubrimos que pirámides circulares –si bien más pequeñas- son aún perfectamente relevables en otro punto del estado de

Vista aérea en la década de 1950

Vista aérea en la década de 1950

México: Papalotla. Sí, allí donde en un estudio anterior (ver aquí) señalamos como uno de los sitios habitacionales con presencia societaria constante más antiguos del planeta.

El enigma se profundiza cuando advertimos que no se sabe a ciencia cierta quiénes fueron los “cuicuilcanos”. Que su decadencia –oficial- haya coincidido con el surgimiento de Teotihuacán lleva a preguntarse si no se habría tratado de un centro ceremonial tolteca (o si esta población fue acogida y absorbida por esa presunta “primera capital del imperio tolteca”. En nuestros numerosos viajes a México hemos reafirmado nuestra convicción que los Toltecas no eran ni una etnia independiente ni una “cultura” por sí misma, sino una gran Hermandad (de tipo iniciático) omnipresente entre distintos horizontes civilizatorios del Anahuac. Su organización vital en “Guerreros Águila”, “Guerreros Jaguar” y “Guerreros Serpiente” (a los que habría que añadir la esotérica y aún casi desconocida orden de los “Guerreros Colibrí”) refuerza esta idea. El punto es que es significativo que durante el apogeo de la “cultura tolteca” es que se populariza el templo (o pirámide) circular en honor a

Fosos de agua rodean a Cuicuilco

Fosos de agua rodean a Cuicuilco

Ehecátl, mal llamado “dios del viento”. Y decimos “mal llamado” porque –como hemos explicado en detalle- los Toltecas en particular (y los mexicas en general) eran absolutamente monoteístas. Su pretendido politeísmo es otra de las mentiras deformantes de la historia académica que preserva el “status quo” de la sociedad conquistadora. Y dedicaremos amplios espacios a ello aquí, y a los interesados remitimos a la lectura de nuestros trabajos sobre el particular. Baste ahora señalar que es posible que el así llamado “politeísmo” pueda haber sido el resultado de la vulgarización, en capas inferiores de la población, de conocimientos superiores de orden hermético. De modo afín como la gente devota pero con poca formación teológica, al ingresar a una iglesia católica, toca aún el interior de las pilas bautismales antes de santiguarse aún cuando la misma esté vacía; o apoya su mano sobre la imagen religiosa –o sobre el cristal que protege la misma- como si de esa forma se “cargara” de

emplo a Ehecatl en Xochitecatl

Templo a Ehecatl en Xochitecatl

algún efluvio espiritual. El templo circular fue tan habitual que, incluso, en la apertura del Metro en el México DF se toparon con uno (y lo preservaron).

¿Quién era Ehecatl, entonces?. Así como “Quetzalcoatl” era la “emanación” divina que se cristaliza en Inteligencia, Tezcatlipoca refleja la

Templo a Ehecatl en el Metro del DF

Templo a Ehecatl en el Metro del DF

Intuiciòn y la Memoria, Huizilopochtli la Voluntad y Xipec Totec la Acciòn Creativa, Ehecatl representa la Palabra Creadora. Encontramos un sucedáneo de esta idea en el Ruah Elohim de la Kabbalah judía, en aquél “Y Dios dijo: “Hágase la Luz” (Dios “dijo”: no batió palmas o hizo chasquear los dedos). De donde los “templos a Ehecatl” no serían, en puridad, templos al “dios del viento”, sino centros ceremoniales para honrar el Poder de la Palabra. Que en este contexto, es comprender –como los Sephirot del Árbol de la Vida de la Kabbalah- que nuestras virtudes y cualidades son “emanaciones” de Ipalnemouane (“Aquél Por lo que Existimos”, en el decir tolteca) o del “Ain Soph Aur” (“La Corona Áurea”, en el decir cabalístico). Sitios de meditaciòn. De trabajo espiritual. De Alquimia.

Pero esto sería así dentro de la cosmopercepciòn Tolteca. Ignoramos, aún extrapolando, si éste era el sentido de los “cuicuilcanos”. Porque su pirámide circular encierra otros misterios que no tienen los templos circulares toltecas. En efecto, hay un mundo subterráneo bajo la pirámide de Cuicuilco.
Debemos tener presente que quizás nunca sabremos lo que verdaderamente ocultan las ruinas. Llámase El Pedregal a una extensa área colindante con la pirámide y que está formada por la lava solidificada del Xitle, que en algunos puntos alcanza los cuatro metros de altura. Esa avalancha de lava sepultó las edificaciones superficiales

Fosos que se prolongan en pasadizos subterráneos

Fosos que se prolongan en pasadizos subterráneos

–que sólo en parte, dadas las dificultades técnicas y el presupuesto siempre escaso han comenzado a excavarse- y, sin duda, se derramó bajo la superficie en los hipogeos. Pero lo poco recuperado, cámaras, pasadizos, amplios túneles nos demuestran la extensión y complejidad de ese mundo subterráneo. Llama la atención que en ellos literalmente no se ha encontrado talla, efigie ni grafía alguna, lo que hace pensar más en

En la cima, el descenso al interior

En la cima, el descenso al interior

una razón de ser funcional que simbólica o devocional. Y también debe tenerse en cuenta que en la periferia del sitio arqueológico se encuentran muchas edificaciones urbanas –el edificio de Telmex, la ex Villa Olímpica, hoy conjuntos habitacionales- que dificultan aún más el progreso de las investigaciones ya que, obviamente, no se permitirá erradicarlas al sólo efecto de excavar el suelo.

Me resultó enormemente sugestivo, al ubicarme en la cima de la pirámide, observar que comienza a descender hacia un profundo foso circular –cuya profundidad aún no se ha determinado- Esto hace que el conjunto tenga todo el aspecto aparente de un volcán artificial. Y recordé los comentarios de Hernán Cortés, quien refería que, a poco de llegar por primera vez a la regiòn, y al ascender a lo alto de una de las pirámides –presumiblemente la del Templo Mayor en Tenochtitlán- observó a su alrededor lo que en principio le pareciò un “mar de volcanes”: por todo a lo amplio del valle se distinguían “pequeñas montañas humeantes”. Pronto supo que se trataba de pirámides, en cuyas cimas se encendían permanentemente fuegos “para el perpetuo recordatorio de su tierra de origen”.
Esto es aleccionador. La “tierra de origen” era entonces un país fuertemente volcánico (el centro de México también lo es, pero allí no habría nada que “recordar” si ese

Cámatas subterráneas cubiertas por la lava

Cámatas subterráneas cubiertas por la lava

Pasadizos aún inaccesibles

Pasadizos aún inaccesibles

fuera su lugar ancestral, precisamente porque estaban allí). Y “rodeado de agua”: los muros de Teotihuacan, de Xichocalco y otros sitios están cubiertos de alegorías marinas. Al pie de las imágenes de Quetzalcoatl se hacían masivas ofrendas de caracolas traídas desde las costas atlántica o pacífica. Y se buscaba crear cursos de agua que rodearan a las pirámides (esto se ve claramente en Cuicuilco) y no como sistema de irrigaciòn (o, en todo caso, “además de…”) sino para indicar, claramente, que su país de origen, montañoso, estaba rodeado por agua.
País volcánico. Rodeado de agua.
La Atlántida.

Más pasadizos

Más pasadizos

Desde un lateral, la pirámide

Desde un lateral, la pirámide

El avance de la ciudad es una metáfora de una nueva marea de lava que sepulta Cuicuilco

El avance de la ciudad es una metáfora de una nueva marea de lava que sepulta Cuicuilco

Nunca se interrumpió el sentido sagrado del lugar

Nunca se interrumpió el sentido sagrado del lugar

Nunca se interrumpió el sentido sagrado del lugar

Nunca se interrumpió el sentido sagrado del lugar

Más pasadizos

Más pasadizos

TLAZOLTEOTL: una Regeneración Alquímica

El camino chamánico es una caja de sorpresas constante. Cada recodo, cada reunión, cada entrevista, cada práctica, cada ritual conlleva  el desafío (que, en sutil pero sublime reverencia al Albedrío, omnipresente y tangible,  verdadera deidad de la imperfecta naturaleza humana, susurra su presencia) de atravesarle como una anécdota más en el rosario de imponderables, o profundizar, deteniéndose, en el  Conocimiento necesariamente esotérico que se oculta tras bambalinas.

Paráfrasis de la Vida misma, cualquier camino tiene el perfil microcósmico del Camino. Hace rato que aprendí que salvo extrema necesidad -o escasez de tiempos- mejor que tomar la vía rápida, el avión, la autopista directa, el bus “puerta a puerta” es, si se puede, hacerlo lentamente. Deteniéndose donde la curiosidad -o la magia- requieran nuestra atención. He llegado a muchos destinos sólo para recordar, con mezcla de placer y añoranza,  cómo había disfrutado la huella dejada atrás.

Y en el campo de la Toltecayotl, uno puede acumular experiencias e información, recorrer sitios sagrados y museos, hablar con maestros -de los “ascendidos” o no- y creer que tomó la “pole position” de la Trascendencia, o detenerse a hurgar donde quizás pocos, tal vez nadie, lo ha hecho antes.

Así, mucho se ha escrito y devocionado sobre las “deidades” mexikas y poco se ha profundizado filosóficamente en ellas. No es barruntar intelectual el que propongo, no es agotar la escasa paciencia del lector internáutico. Es arar en un concepto al cual me he referido en muchas ocasiones, siempre necesario de testificación con hechos, aquello que de que “la Sabiduría Ancestral no era una religión, menos aún un culto. Era -es- una Tecnología Espiritual”

Uno de los procesos que lleva a ese escalón siguiente en la comprensión es hacer el esfuerzo de desprendernos del condicionamiento netamente judeocristiano de las “deidades personificadas”. Fue el problema, tic repetido históricamente, de los frailes de la Conquista cuando buscaban comprender la cosmopercepción de los Ancestros. En el caso del Anahuac, sus pininos de traducción encontraron un obstáculo para ellos insalvable: Teotl. ¿Qué era eso?. Y partiendo del axioma que los aborígenes eran necesariamente incultos y primitivos, incapaces ad hoc de riqueza intelectual, suspendieron el esfuerzo de los tlatanimine supervivientes por hacerles comprender la idea y buscaron en su vocabulario algo que, por semejanza, se correspondiera. Y lo encontraron en el prefijo “teos”. ¡Ah, ya!. Por lo tanto, “teotl” tenía que ser “dios” y claro, como los locales mostraban tantas imágenes de estos “teotl” deberían ser sucesivos, diferentes dioses de una creencia politeísta. Y hasta el día de hoy en todos los manuales escolares (con el silencioso visto bueno de los académicos universitarios, claro) esta concepción persiste. No es extraño, en una América donde aún muchos tratan de disimular sus genes autóctonos…

Desfaziendo renacentistas entuertos castellanos…

“Teotl” simplemente se traduce (¡simplemente!) como “esencia cósmica”. Para decirlo en palabras del maestro Tlakaélel: es un Principio Ordenador Inteligente. Nada de dios antropomorfizado, nada de luengas barbas o colmillos sangrantes, nada de armas mayestáticas o emplumadas, etéreas alas. Quienes han incursionado en el apasionante campo de la Geometría Sagrada comprenderán, sin duda, más fácilmente este concepto.

El único Dios, en todo caso -aún hay quienes se sorprenden al enterarse que los mexikas eran monoteístas- es Ipalnemouani, “Aquél por lo que Existimos”. Como Ipalnemouani es Increado e Inmanifestado, para actuar sobre la naturaleza material del Univero se desdobla en Ometeotl. Ometeotl es una “emanación”: Ome= dos. Masculino y Femenino, polaridades opuestas y necesariamente complementarias, Sí, sí, Yin y Yang.

Pero como la vibración de esta Emanación (cualquier semejanza con el Árbol de la Vida y los Sefirot cabalísticos no sólo es aceptable, sino también bienvenida) es demasiado elevada para su impregnación en la naturaleza espiritual humana, Ometeotl se desdobla a su vez, en otras Cuatro Emanaciones principales: Quetzlcoatl (Inteligencia), Tezcatlipoca (Inconsciente), Huitzilopochtli (Voluntad), Xipec Totec (Acción). Sí, las mismas que fueron malinterpretadas (si accidental o voluntariamente, júzguenlo ustedes) como “dioses”.

¿Por qué la representaciòn antropomorfa de estos conceptos, entonces?. Porque estas representaciones codifican simbólicamente esa esencia. Son, a su manera, “mandalas”.

Es posible -sólo posible- que haya contribuido a la confusión el hecho que algunos pueblos o grupos étnicos, tardíamente y por haber perdido las claves de la Enseñanza tolteca ancestral, realmente creyeran que se trata de “dioses” por sí mismos, de manera similar a como algunas piadosas señoras en el mundo católico se enojan un día con la Virgen de Fátima porque no les cumplió un pedido y se van a orar a la Virgen del Rosario… La comparación no es ociosa: si empleamos con los católicos el mismo tipo de extrapolación que se emplea con los Ancestros, podríamos decir que la sacrosanta iglesia es politeísta y necromántica. Politeísta, porque si bien tienen un dios superior hay trinidad, ángeles, santos y un largo etcétera. Y necromántica por la “intercesión” de los santos, personajes de carne y hueso que deambularon sobre la Tierra antes de tener su parcela en la urbanización cósmica, intercesión que p0co los distingue de los espiritistas.

En este orden de ideas, hay que saber, ahora, que luego de esas cuatro Emanaciones de orden superior había otras emanaciones secundarias. “Ehecátl”, el mal comprendido “dios del viento” es indistinguible, en un análisis serio, de Ruah Elohim, el Aliento de Dios en tanto Acto Creador. Y aquí aparece Tlazolteotl, “La Que Come Suciedad”.

“Diosa” femenina, que es sugestivo. La que, a estar de trasnochados historiadores, sería la que redimiría en el último aliento los pecados en este mundo. De poca presencia en las crónicas, quizás en tiempos contemporáneos sólo  Gary Jennings, albacea literario de los Illuminati que en su deplorable ¿novela histórica? “Azteca” (de la que hablaremos en su ocasión) le da cierto protagonismo. Producto, una vez más, de la confusión castiza de la Conquista, siempre quedó relegada al umbroso limbo de las deidades menores , en el mejor de los casos, anotadas en lista de espera para reemplazar a Caronte.

Pero resulta que Tlazolteotl es otra cosa. Es una herramienta espiritual, una de las que hemos hablado.

Representa, es, algo innato en la naturaleza humana. La capacidad de resurgir de las cenizas. El Ave Fénix. Es la Fuerza que destruye para regenerar. Es la basura, los residuos, los detritus pero en su faceta fecunda, cuando abona algo que crece sobre él, sobre aquella, sobre éste. Es comprender que si nuestra casa está sostenida peligrosamente con alambres y tablones, no podremos nunca mejorarla de forma permanente si primero no la derrumbamos en su totalidad -antes que caiga sorpresivamente sobre nuestras cabezas mientras dormimos- y levantamos desde cero sus cimientos tras haber limpiado el terreno. Son los miedos que tenemos en el temascal, especialmente, quizás, esa primera vez, cuando casi por instinto de conservación sentimos que queremos escapar, que nos falta el aire, que nos quemamos. A veces, así actuamos, corremos fuera, algunos al grito de “¡me quemo!”, para descubrir después, si insistimos, que no sólo es soportable sino también agradable. Cuando los miedos se metabolizaron en introspección. Porque sólo son los miedos -o, mejor aún, el miedo al miedo- lo que actúa como disparador haciéndonos correr del lugar en que queremos estar en la vida.

Cuando los amigos en que confiamos nos traicionan, en esa confianza y a veces en otras cosas menos importantes también, como el dinero, la credibilidad, el honor. A veces en todo eso junto. Y es cuando podemos dejarnos doblegar por la decepción, la ira, el desánimo, o encontrar en esa basura moral que alegremente echaron sobre nosotros el fermento vital de un nuevo emprendimiento.

Al perder todo. Confundiendo esto con el final del Camino, cuando en puridad es sólo el comienzo de uno nuevo.

Tlazolteotl. Cuando todo esté perdido, menos el honor, aún está todo por hacerse.

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