Una enseñanza Tolteca para reflexionar

“Que los sentidos coman con avidez y que como las abejas, transformen sus alimentos en miel, para con esa miel alimenten a Tezcatlipoca, para que con la carne y sangre de este, se alimente Quetzalcoatl…… pero que Huitzilopochtli coma su propia carne y beba su propia sangre”. (Oraciòn Tolteca – Mexica)

La mirada intoxicada que alimenta la creencia en masivos sacrificios humanos entre los Mexicas se basa, también, en oraciones como ésta, donde –a tenor de lo interpretado primero por los conquistadores, luego por los ecleciásticos, finalmente por los herederos culturales de ellos- los “dioses” se alimentaban casi antropofágicamente de ellos mismos y entre sí. Y es ignorar el significado simbólico, alegórico, metafórico, en resumen, Iniciático y esotérico de ese Conocimiento.
En efecto, simbólicamente Quetzalcoatl representaba la Inteligencia. Tezcatlipoca, la Intuiciòn y la Memoria. Huizilopochtli, por su parte, la Voluntad. De tal manera que podemos reescribir, “exotéricamente”, esa oraciòn así: “Los sentidos físicos deben alimentarse de vivencias y sensaciones, para transformarlas en experiencia que queda en la Memoria. De ella, de la reflexiòn sobre ella, se alimenta la Inteligencia… pero la Voluntad, ella, tiene que alimentarse (fortalecerse) a sí misma.

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EL HORÓSCOPO AZTECA

CalendarioDebe comenzar este artículo por un sinceramiento intelectual: el llamado (mal llamado) Horóscopo Azteca ni es Horóscopo ni es Azteca (¿Porqué el título, entonces?. Es un reclamo de atenciòn; si lo hubiera llamado “El Tonalama Mexica”, contento que lo lean cuatro especialistas).

En realidad, es mucho más que eso. No es “horóscopo” porque el término (que en griego significa solamente “dar la hora”, por aquello de la hora de nacimiento) se asocia a la idea de predicciones y características de signos. Y no es “azteca” porque casi estamos tentados a decir (una mentira más de la “historia oficial”) que los aztecas… no existieron. De modo que de lo que estamos hablando debe ser llamado, con propiedad, Tonalama. El estudio de la energía de los días en la sabiduría Tolteca Mexica.
Aclaremos algunos conceptos. Aunque desde el “Billiken” a los libros de historia nos hablan de los aztecas como del pueblo guerrero y tirano del México prehispánico, lo cierto es que esa palabra (“azteca”) recién aparece publicada en el año tan tardío de 1801. Y era la forma despectiva de dirigirse a los aborígenes. Casi igual que, en estas tierras, los “tobas” (en realidad, la etnia Qöm) o los “comechingones” (que se llamaban a sí mismos “henia – Kâmiare”). Esas palabras (“tobas”, “comechingones”) eran, precisamente, términos descalificadores, cuando no insultantes, con que los criollos se referían a los indígenas tomando expresiones de sus propias lenguas autóctonas (cosa que los sindicados se sintieran aludidos y menoscabados). Eso pasa con “azteca” (palabreja que se instala en el “academicismo” siempre tan proclive a ser europeizante) fundamentándose en la leyenda que decían ser originarios de una tierra mítica llamada “Aztlán”, que, si así fuera, sería “aztlanecas” y no “aztecas”. Por cierto, la capital de los supuestos “aztecas” no era una tal “Aztecatitlán” sino –revisen cualquier librito de la primaria- Tenochtitlán, por ser tierra de tenochcas, su verdadero y original nombre.
Así que de lo trata este artículo, de su legado, tiene que ver con la cultura que lo origina, los Toltecas, y su difusiòn entre los “mexicas”. Y aquí suele haber otra confusiòn. Uno dice “mexica” y piensa en “México”. Tierra de mariachis, tequila y la virgen de Guadalupe. Pero ocurre que el nombre del país es el empleo tardío que los libertadores de esa naciòn, todos ellos masones de alto grado y por lo tanto, muy creyentes en las propiedades espirituales de ciertas acciones, tomando para ello el “nombre espiritual” que los ancestros daban a su territorio, cuyo nombre, diríamos político, era Anahuac. Y el esotérico, “Me – xi- co”, que significa “El ombligo de la Luna”. Porque creían que en esas tierras “anclaba” una especie de línea astral, un “cordón de plata” que unía la Tierra con Selene. Y de allí al término “mexica” que, por extensiòn, no define sólo a los originarios de esa nacionalidad sino a todos los habitantes del planeta. Porque se traduce como “ciudadanos planetarios” y por ello, mexicas somos todos.

Aclarado esto –que nunca está de más- pasemos al Tonalama, que da contenido y razón de ser a este artículo. Lo que el estudioso del mismo busca es determinar las “energías”, tanto del día de nacimiento de una persona como, por caso, de las que actúan en un día determinado, supongamos hoy. Definiendo así los “trece señores del día” y los “nueve señores de la noche”, el astrólogo tolteca sabe qué actividades serán más afines (o más dificultosas) para esa persona en un día dado pero, lo que es más importante, qué ejercicios, qué elementos de la Naturaleza, qué pasos dar para activar y potenciar sus energías naturales y así potenciar los resultados benéficos de sus acciones cotidianas. Es muy interesante señalar que los ancestros que practicaban esta disciplina enseñaban en relaciòn a ella, también, una serie de ejercicios físicos, llamados “Kinam” (que puede traducirse como el “Yoga Tolteca”) que mejora la energía de una persona en relaciòn a las energías tanto de su día de nacimiento como del día específico en que deciden aplicarse.

En Paraná

Desde el 6 al 10 de agosto, visitará Paraná, por invitaciòn de la Agrupaciòn Difusora de Sabiduría Ancestral “Casa del Cóndor”, el Maestro de Toltequidad Gerardo Alcántara, de México, tanto para brindar conferencias como talleres sobre Tonalama y Kinam. La idea es capacitar a los interesados locales para que éstos continúen difundiendo, aplicando y enseñando en Argentina, de manera absolutamente novedosa, estas enseñanzas milenarias. Alcántara se dedica desde hace veinte años al estudio de las Culturas Ancestrales mexicanas, siendo co – fundador de diversos centros de estudio en su país. Entrevistado para esta nota, da un ejemplo concreto: “Por ejemplo, hoy, 25 de Junio de 2015, corresponde al día chicome miquiztli (7 muerte) del Etzacualiztli (veintena de comer etzalli) del año yei acatl (3 carrizo). Es importante mencionar que la energía llamada miquiztli (muerte) no era vista como en la actualidad. La energía de miquiztli para los Mexhicas simbolizaba descanso, calma, reposo, introspección. Era un día para hacer meditación y contactar con los abuelos que ya estaban en el Mictlan y pedirles su consejo y su guía. Esto lejos de ser un rito ocultista, se realizaba con la plena conciencia de que todas las respuestas que buscas es mirando hacia adentro (meditación, introspección), ya que buscando en esa oscuridad podemos contactar con la memoria ancestral guardada en el ADN (el consejo de los abuelos) y obtener las respuestas desde el Ser.” Y continúa: “La importancia de integrar todos nuestros cuerpos era bien conocida por nuestras culturas ancestrales, alineaban sus puntos energéticos, meditaban para que su pensamiento fuera amplio y puro, además trabajaban el cuerpo con ejercicios, tanto estáticos como dinámicos, con el primero se fortalecían, con el segundo, se agilizaban. Todo esto gobernado por las energías que regían el día, mismas que las calculaban de acuerdo a la posición terrestre y a la posición de los astros, luna y demás planetas. Alimentación sana y dormir bien. ¿Tú qué haces por ti? ¿Cuándo empezaras a amarte, a respetarte, a cuidarte?”

LA PIRÁMIDE CIRCULAR DE CUICUILCO Y EL MUNDO SUBTERRÁNEO

Escribe Gustavo Fernández

Hecatombre de Cuicuilco, versiòn artística en el Museo de Sitio

Hecatombre de Cuicuilco, versiòn artística en el Museo de Sitio

“Las ruinas del santuario del dios del fuego fueron destruidas por el fuego. En un alba sin pájaros el mago vio cernirse contra los muros el incendio concéntrico. Por un instante, pensó refugiarse en las aguas, pero luego comprendió que la muerte venía a coronar su vejez y a absolverlo de sus trabajos. Caminó contra los jirones de fuego. Éstos no mordieron su carne, éstos lo acariciaron y lo inundaron sin calor y sin combustión. Con alivio, con humillación, con terror, comprendió que él también era una apariencia, que otro estaba soñándolo.”

“Las ruinas circulares” – Jorge Luis Borges

El Xitle

El Xitle

Estaba de pie al borde del cráter del Xitle, el engañoso pequeño volcán allí, en la sierra de Ajusco, cerniéndose casi sobre el Distrito Federal de México. Acaba de ascender, bañado en sudor, los casi cincuenta metros que me habían permitido –escondiéndome de los guardias forestales que ocasionalmente podrían acertar a allegarse- hollar el fondo del mismo y hacerme con algunos trozos dispersos de obsidiana. Ahora, mientras recuperaba el resuello –tal vez más

El borde del cráter, a lo lejos, el DF

El borde del cráter, a lo lejos, el DF

por la adrenalina de haber hecho algo indebido que por el esfuerzo- pensaba en ese asentamiento humano prehispánico que una dubitativa erupciòn de este volcán que acaba de mancillar había sepultado en lava: Cuicuilco.

El interior del cráter

El interior del cráter

Si uno “googlea” el término, encuentra dos constantes. Una, la que sitúa cronológicamente esa erupciòn en algún momento entre el año 200 A.C. y 400 D.C. La otra, la que ubica a la pirámide circular de Cuicuilco como única en su tipo en Mesoamérica. Ambas referencias, aún por “instaladas” son seguramente erróneas. De hecho, en el mismo Museo de Sitio de Cuicuilco se señala que si bien la última erupciòn del volcán es de esas fechas –sumamente ambiguas, debemos admitir- no se está seguro que sea la que sepultó al centro ceremonial. Aún más, es posible admitir que hubo dos erupciones. Una primigenia, que lo sepultara parcialmente y despoblara, y una segunda que terminara por cubrirlo. Pero el asombro salta a la vista cuando nos preguntamos cuándo habría sido la primera: tal vez, alrededor del 10.000 A.C. Si ésta es la que sepulta Cuicuilco, estamos ante uno de los más antiguos asentamientos cosmopolitas de la Tierra, y la Historia oficial se va al traste. Pero redoblamos nuestra apuesta y terminamos por arrumbar en el desván de los datos erróneos toda la información “clásica” cuando descubrimos que pirámides circulares –si bien más pequeñas- son aún perfectamente relevables en otro punto del estado de

Vista aérea en la década de 1950

Vista aérea en la década de 1950

México: Papalotla. Sí, allí donde en un estudio anterior (ver aquí) señalamos como uno de los sitios habitacionales con presencia societaria constante más antiguos del planeta.

El enigma se profundiza cuando advertimos que no se sabe a ciencia cierta quiénes fueron los “cuicuilcanos”. Que su decadencia –oficial- haya coincidido con el surgimiento de Teotihuacán lleva a preguntarse si no se habría tratado de un centro ceremonial tolteca (o si esta población fue acogida y absorbida por esa presunta “primera capital del imperio tolteca”. En nuestros numerosos viajes a México hemos reafirmado nuestra convicción que los Toltecas no eran ni una etnia independiente ni una “cultura” por sí misma, sino una gran Hermandad (de tipo iniciático) omnipresente entre distintos horizontes civilizatorios del Anahuac. Su organización vital en “Guerreros Águila”, “Guerreros Jaguar” y “Guerreros Serpiente” (a los que habría que añadir la esotérica y aún casi desconocida orden de los “Guerreros Colibrí”) refuerza esta idea. El punto es que es significativo que durante el apogeo de la “cultura tolteca” es que se populariza el templo (o pirámide) circular en honor a

Fosos de agua rodean a Cuicuilco

Fosos de agua rodean a Cuicuilco

Ehecátl, mal llamado “dios del viento”. Y decimos “mal llamado” porque –como hemos explicado en detalle- los Toltecas en particular (y los mexicas en general) eran absolutamente monoteístas. Su pretendido politeísmo es otra de las mentiras deformantes de la historia académica que preserva el “status quo” de la sociedad conquistadora. Y dedicaremos amplios espacios a ello aquí, y a los interesados remitimos a la lectura de nuestros trabajos sobre el particular. Baste ahora señalar que es posible que el así llamado “politeísmo” pueda haber sido el resultado de la vulgarización, en capas inferiores de la población, de conocimientos superiores de orden hermético. De modo afín como la gente devota pero con poca formación teológica, al ingresar a una iglesia católica, toca aún el interior de las pilas bautismales antes de santiguarse aún cuando la misma esté vacía; o apoya su mano sobre la imagen religiosa –o sobre el cristal que protege la misma- como si de esa forma se “cargara” de

emplo a Ehecatl en Xochitecatl

Templo a Ehecatl en Xochitecatl

algún efluvio espiritual. El templo circular fue tan habitual que, incluso, en la apertura del Metro en el México DF se toparon con uno (y lo preservaron).

¿Quién era Ehecatl, entonces?. Así como “Quetzalcoatl” era la “emanación” divina que se cristaliza en Inteligencia, Tezcatlipoca refleja la

Templo a Ehecatl en el Metro del DF

Templo a Ehecatl en el Metro del DF

Intuiciòn y la Memoria, Huizilopochtli la Voluntad y Xipec Totec la Acciòn Creativa, Ehecatl representa la Palabra Creadora. Encontramos un sucedáneo de esta idea en el Ruah Elohim de la Kabbalah judía, en aquél “Y Dios dijo: “Hágase la Luz” (Dios “dijo”: no batió palmas o hizo chasquear los dedos). De donde los “templos a Ehecatl” no serían, en puridad, templos al “dios del viento”, sino centros ceremoniales para honrar el Poder de la Palabra. Que en este contexto, es comprender –como los Sephirot del Árbol de la Vida de la Kabbalah- que nuestras virtudes y cualidades son “emanaciones” de Ipalnemouane (“Aquél Por lo que Existimos”, en el decir tolteca) o del “Ain Soph Aur” (“La Corona Áurea”, en el decir cabalístico). Sitios de meditaciòn. De trabajo espiritual. De Alquimia.

Pero esto sería así dentro de la cosmopercepciòn Tolteca. Ignoramos, aún extrapolando, si éste era el sentido de los “cuicuilcanos”. Porque su pirámide circular encierra otros misterios que no tienen los templos circulares toltecas. En efecto, hay un mundo subterráneo bajo la pirámide de Cuicuilco.
Debemos tener presente que quizás nunca sabremos lo que verdaderamente ocultan las ruinas. Llámase El Pedregal a una extensa área colindante con la pirámide y que está formada por la lava solidificada del Xitle, que en algunos puntos alcanza los cuatro metros de altura. Esa avalancha de lava sepultó las edificaciones superficiales

Fosos que se prolongan en pasadizos subterráneos

Fosos que se prolongan en pasadizos subterráneos

–que sólo en parte, dadas las dificultades técnicas y el presupuesto siempre escaso han comenzado a excavarse- y, sin duda, se derramó bajo la superficie en los hipogeos. Pero lo poco recuperado, cámaras, pasadizos, amplios túneles nos demuestran la extensión y complejidad de ese mundo subterráneo. Llama la atención que en ellos literalmente no se ha encontrado talla, efigie ni grafía alguna, lo que hace pensar más en

En la cima, el descenso al interior

En la cima, el descenso al interior

una razón de ser funcional que simbólica o devocional. Y también debe tenerse en cuenta que en la periferia del sitio arqueológico se encuentran muchas edificaciones urbanas –el edificio de Telmex, la ex Villa Olímpica, hoy conjuntos habitacionales- que dificultan aún más el progreso de las investigaciones ya que, obviamente, no se permitirá erradicarlas al sólo efecto de excavar el suelo.

Me resultó enormemente sugestivo, al ubicarme en la cima de la pirámide, observar que comienza a descender hacia un profundo foso circular –cuya profundidad aún no se ha determinado- Esto hace que el conjunto tenga todo el aspecto aparente de un volcán artificial. Y recordé los comentarios de Hernán Cortés, quien refería que, a poco de llegar por primera vez a la regiòn, y al ascender a lo alto de una de las pirámides –presumiblemente la del Templo Mayor en Tenochtitlán- observó a su alrededor lo que en principio le pareciò un “mar de volcanes”: por todo a lo amplio del valle se distinguían “pequeñas montañas humeantes”. Pronto supo que se trataba de pirámides, en cuyas cimas se encendían permanentemente fuegos “para el perpetuo recordatorio de su tierra de origen”.
Esto es aleccionador. La “tierra de origen” era entonces un país fuertemente volcánico (el centro de México también lo es, pero allí no habría nada que “recordar” si ese

Cámatas subterráneas cubiertas por la lava

Cámatas subterráneas cubiertas por la lava

Pasadizos aún inaccesibles

Pasadizos aún inaccesibles

fuera su lugar ancestral, precisamente porque estaban allí). Y “rodeado de agua”: los muros de Teotihuacan, de Xichocalco y otros sitios están cubiertos de alegorías marinas. Al pie de las imágenes de Quetzalcoatl se hacían masivas ofrendas de caracolas traídas desde las costas atlántica o pacífica. Y se buscaba crear cursos de agua que rodearan a las pirámides (esto se ve claramente en Cuicuilco) y no como sistema de irrigaciòn (o, en todo caso, “además de…”) sino para indicar, claramente, que su país de origen, montañoso, estaba rodeado por agua.
País volcánico. Rodeado de agua.
La Atlántida.

Más pasadizos

Más pasadizos

Desde un lateral, la pirámide

Desde un lateral, la pirámide

El avance de la ciudad es una metáfora de una nueva marea de lava que sepulta Cuicuilco

El avance de la ciudad es una metáfora de una nueva marea de lava que sepulta Cuicuilco

Nunca se interrumpió el sentido sagrado del lugar

Nunca se interrumpió el sentido sagrado del lugar

Nunca se interrumpió el sentido sagrado del lugar

Nunca se interrumpió el sentido sagrado del lugar

Más pasadizos

Más pasadizos

Q’ENKO: ¿SANACIÓN CHAMÁNICA CON LAS ENERGÍAS DE LA MADRE TIERRA?

            A unos tres kilómetros de Cuzco, e inmediatamente luego de ese otro gran enigma que es Sajsaywamán, uno se encuentra con un sitio atípico: Q’enko. Su traducción significa “línea quebrada” y en puridad no honra al lugar, un afloramiento rocoso de forma circular tal como se ve en la imagen de Google Earth. Supongo que recibió tal denominaciòn en quechua porque desde allí se avista, como dije, la cercana Sajsaywaman, que sí presenta el aspecto de líneas en zigzag.

Vista de Q'enko

Vista de Q’enko

            Todavía se debate en ámbitos académicos no solamente cuál era la funciòn de este sitio, sino aún también su antigüedad y origen. Presuponerlo inka o levemente pre-inka es apenas eso: una suposición. Recordemos que el propio Sajsaywamán es descrito como inka en algunas fuentes (aún más, atribuyéndosele su erecciòn al gran Pachacuti) y en otras, como muy anterior, de clara influencia tiwanakota. En lo personal, comulgo con esta segunda lectura: al igual que el Templo del Sol en Ollantaytambo es demasiado evidente que aquì se cumple una de las (para mí) necesarias cláusulas para identificar la presencia de “tecnología no humana” dentro de un marco cultural específico: el “desentono” absoluto entre ciertas particularidades arquitectónicas con su entorno, en términos de mecánica.

Vista por Google Earth de Sajsaywaman

Vista por Google Earth de Sajsaywaman

Vista por Google Earth de Q'enko

Vista por Google Earth de Q’enko

 

            Pero regresemos a Q’enko. Como es dable esperar, flotan sobre él todas las teorías imaginables, algunas más conservadoras, otras más “liberales”. Sin embargo, se ha impuesto fundamentalmente en el ideario popular la afirmación del academicismo clásico en el sentido de tratarse de un “templo” a Pachamama, aprovechando la natural concavidad del lugar. Cierta superficie pulimentada ha recibido el nombre de “altar” y así acaba la cosa.

El "amaru" en Q'enko

El “amaru” en Q’enko

Otra vista del Amaru

Otra vista del Amaru

 

            Voy a proponer, empero, otra explicación, fruto de mis observaciones sobre el terreno y las reflexiones de ellas nacidas. Y es afirmar que Q’enko era un lugar de prácticas chamánicas terapéuticas aprovechando la energía telúrica. Una energía que –estoyh cada día más convencido- era ampliamente conocida y aprovechada por las remotas culturas americnas prehispánicas. Lo señalé cuando estuve estudiando las líneas de energía en Xochicalco y en los “baños de Netzahualcoyotl” (México) y vuelvo a ratificarlo aquì.

La "serpiente" energética en la cancha de pelota de Xochicalco, México

La “serpiente” energética en la cancha de pelota de Xochicalco, México

            Creo firmemente que estas culturas –la tiwanakota en particular, la inkaica en la medida que supo heredar algunos, sólo algunos, conocimientos de Tiwanaku-  supieron detectar radiestésicamente las corrientes de energía telúrica hoy tan bien estudiadas por la Geobiología. En particular, las “redes Hartmann” y las “líneas Curry”. No puede ser casual que casi todos los “sitios de poder”, tanto de tiwanakotas, inkas, toltecas se encuentren en puntos álgidos de ambos sistemas energéticos telúricos. Y, para el caso sudamericano, que donde confluyen ambos sistemas aparezca siempre la “marca de la serpiente” (Amaru), la línea zigzagueante que el academicismo, con muy poca creatividad, asocia con el rayo o, en los últimos años, con el borde dentado del apreciado molusco Spondylus, sobre cuya simbología hablaré en otra ocasiòn.

El "altar"de Q'enko

El “altar”de Q’enko

            Inteligentemente, la amiga e investigadora argentina Débora Goldstern observa la similitud evidente de esa línea “Amaru” en Samaipata (Bolivia) y Q’enko. Es un detalle a considerar, aunque en mi visita a Samaipata no tuve ocasiòn de evaluar radiestésicamente el lugar y, por otra parte, la línea “Amaru” de Q’enko es pequeña comparada con el canal zigzagueante del sitio boliviano. Pero reproducen, salvadas esas diferencias, el mismo trazado simbólico.

Fundamentos de aplicaciòn aún desconocida

Fundamentos de aplicaciòn aún desconocida

            En Xochicalco, recuerdo, la “línea zigzagueante” es fácilmente comprobable en la cancha de “pelota” de la ciudad, de modo que la “coatl” –serpiente”- adquiriría en esta lectura una correspondencia con “Amaru”. Y tiene lógica simbolizar en la serpiente la energía telúrica, toda vez que es el animal paradigmático que se arrastra sobre la tierra. Dando un paso aún más allá, no es gratuito que “Kundalini” –la energía sexual latente en el chakra sacro coccígeo- e represente como una “serpiente roja” que duerme y que, al activarse con la práctica del Tantra, asciende desenroscándose helicoidalmente alrededor del “shushunna” o canal energético bidireccional que une los chakras hasta llegar a la coronilla, conectando, así, las energías de la Madre Tierra absorbidas por el chakra inferior con las cósmicas, accedidas a través del superior.

             Por ello entiendo que no se realizaron en Q’enko obras de ingeniería como sí en la muy próxima Sajsaywaman. Para respetar la energía, su potencial y efecto natural y original. En Tiwanaku tenemos el claro ejemplo de lo que puede ocurrir cuando la “mentalidad moderna” comienza a “reconstruir” el lugar ignorando los criterios originales y los conocimientos sobre los cuales se basa: ya he descripto en alguna ocasiòn como la mera contemplación del Kalassassaya da la fuerte impresiòn de un rompecabezs mal armado, de un ensamblaje forzado y defectuoso…

             Si seguimos este hilo de razonamientos, entonces los inkas –o algunos predecesores- fueron conscientes que en ese lugar –que es, entonces, “el lugar de la línea zigzagueante”, NO por su aspecto, sino por su efecto- se producía una potenciaciòn de energías. Y así, podemos especular sobre el uso que le daban, aunque pienso fundamentalmente en dos: terapéutica física, psíquica y espiritual –el “altar” entonces no sería tal, sino un estrado para reposar y meditar- y quizás energetizaciòn de objetos allí depositados.

O algo más. pienso en las momias de sus inkas. Pienso en la fuerte irradiaciòn magnética que deben haber tenido las mismas, para ser imprescindible su “presencia” en consejos, conciábulos, guerras. Y me pregunto si, como en la Cámara del Caos subterránea de la Pirámide de Keops, no se empleaba Q’enko para dotar a esas momias de una “condiciòn vital”. Pienso en mi especulativo trabajo “Reencarnaciòn y clonaciòn: un túnel del tiempo egipcio” (“Al Filo de la Realidad” nº 15)  y me pregunto si, a partir de aquì, no corresponderá al lector seguir hilvanando sus pareceres.

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