SARNATH: ¿COSMOVISIÓN ANDINA AL OTRO LADO DEL PLANETA?

El autor, en la entrada al sitio sagrado de Sarnath. Al fondo, la estatua de pie de Buda

Su sólo nombre ya era para mí un imán antes de viajar a la India. No sé, sigo pensando que su cacofonía tiene reminiscencias que me recuerdan a los parajes mitológicos de “El Tony” y “Fantasía”, aquellas revistas de historietas (perdón, “comics”) de mi infancia y adolescencia. Sarnath, nombre perfecto para una ciudadela que viera pasar el rostro sombrío de Nippur de Lasgash, Dago o Gilgamesh, el Inmortal. Acudo aquí a la nostálgica memoria de compatriotas que seguramente peinarán canas (de haberlas conservado) y a la generosa displicencia de lectores no argentinos o “sub 50” que tendrán que googlear esos nombres para saber de qué va la cosa.

Pero tengo más de cincuenta, y peino canas (bah, allí donde queda algo) así que llegué al lugar hechizado por el nombre. Y no me defraudó.

Crónica breve e inevitablemente insìpida. Sarnath es el lugar donde el Buda icónico (Siddharta Gautama) predicó a cinco primeros discípulos. Surge allí el camino del Dharma budista y la primera Shanga. Durante varios meses, Siddharta –otra reminiscencia adolescente; desde la brumosa adolescencia aquellas lecturas de Herman Hesse aún

El árbol brotado de un gajo de aquél bajo el cuál recibiera la Iluminaciòn

influyen haciendo que así prefiera llamarlo, aunque ése fuera otro “Siddharta”- vivió allí, completando la reflexiòn del Conocimiento recibido en su Iluminaciòn bajo un árbol de ficus en Gaya, desde donde peregrinó hasta esta regiòn del estado de Uthar-Pradesh. Como escribí, allí reunió a sus cinco primeros discípulos por lo que, de hecho, Sarnath es la verdadera cuna del Budismo mundial, siendo hoy un sitio de especial significancia y peregrinación, especialmente de monjes budistas tibetanos. Para quien decida acercarse, un dato que puede parecer menor pero sé algunos lectores apreciarán: en sus calles es posible encontrar los mejores cuencos tibetanos, aquellos legendarios de siete metales, en muchos casos de decenas de años o más de un siglo de antigüedad, obviamente hechos a mano y de sonido inimitable. Lo cuento porque pude comprar uno, y el secreto es sencillo. Como dije, muchos monjes tibetanos llegan en peregrinación. Dado su modo frugal de vida, sus posesiones (y recursos financieros) son mínimos, por lo que es común que suelan vender sus objetos personales para reunir algunas rupias más para el viaje de regreso. Entre esas

Un loto

cosas, sus propios cuencos, que suelen traer desde sus monasterios en Nepal, Tibet o Birmania. Cuencos que, a su vez, recibieron de sucesivas generaciones de monjes previos. Entonces los avispados comerciantes locales simplemente los obtienen casi sin regatear y obtienen pingües ganancias en su reventa, aunque el precio que suele pagar el visitante es francamente ridículo. Así se hace uno con uno de esos cuencos, observando en su superficie repujada a golpes, en las estrías oscuras de su superficie, en los reflejos tornasolados de la mezcla de metales, el derrotero de distancias y de años que ha recorrido, preguntándose uno qué historias habrá contemplado…

Llegando al monasterio y la stupa

Unos doscientos años después de la muerte de Siddharta (de “dormirse en el Nirvana”, al decir budista), y digo “unos” porque aún se discute la fecha en que vivió el mismo (aunque las enciclopedias suelen ubicarlo allá por el siglo V A.C, se ha descubierto un monasterio en Nepal que es de ese siglo, monasterio budista obvio, con lo cual, necesariamente, la fecha de su líder espiritual hay que retraerla cuando menos un siglo o dos antes), un rey indio, Asoka, se convierte a esta filosofía y propicia la creación de monasterios y “stupas”. La “stupa” es una construcciòn en forma de campana, de tamaño variable y que indica lugares de significado espiritual (me resisto a escribir “religioso”, habida cuenta que el Budismo no es una religión). En su interior –algunas- tienen “reliquias” de Siddharta (se dice que unas pocas, como la de Sarnath, partes de sus túnicas o elementos personales.). En todas las demás, reproducciones del Buda sentado en posición de loto. Y de hecho en esta, la más grande de toda la India con sus treinta metros de altura, también hay –dicen los arqueólogos; no es accesible al visitante- una imagen del mismo en su interior. De hecho, los entusiastas de los antiguos astronautas presuntamente extraterrestres han arriesgado la teoría que esas “campanas” con un sujeto sentado en su interior se parecería mucho a un OVNI. Hipótesis arriesgada porque, después de todo, es la “proyecciòn” de la imagen cultural propia de nuestra época –una “nave espacial”- para interpretar un ícono metafísico de más de dos mil años de antigüedad. Pero quién es uno para afirmar lo contrario…

La stupa

Bien, el tema es que Asoka se entusiasmó tanto con el incipiente Budismo que, como decía, mandó construir una stupa aquí, un monasterio allá. Y en algunos lugares –como éste- todo junto, stupa y monasterio. Y no conforme, que la stupa fuera realmente monumental. Durante por lo menos un millar de años existiò este monasterio y Sarnath se constituyó en un lugar de peregrinación creciente. Incidentalmente, se afirma que así como en el lugar donde predicó Asoka hizo trasplantar un gajo del árbol debajo del cual recibiera la iluminación (el árbol, descendiente de aquél ancestral, aún existe, y me gratificaron obsequiándome una hoja caída del mismo, que conservo con afecto) , Siddharta se desplazaba algo como un kilómetro para descansar y comer frugalmente. El rincòn que habría llamado su “hogar”, allí donde se levantaría la stupa.

Los tiempos pasaron, los reyes también y en 1794 un rajá sikh –nada budista, evidentemente- desmanteló buena parte del monasterio para sus propias edificaciones. Lo que quedó es la totalidad de la construcciòn original pero hasta unos sesenta centímetros de altura. Empero, la perspectiva sigue siendo impresionante.

Los pilares con las instrucciones del rey Asoka

Allá donde predicara, a pocos metros, hace unos pocos años se levantó lo que es la estatua de Buda de pie de mayor altura en el mundo: treinta y tres metros, en medio de un jardín paradisíaco con fuentes de agua rebosantes de lotos. La estatua es copia fiel de la original que los talibanes dinamitaran en Afganistán en su furia demencial.

Allí están todavía los tres pilares donde Asoka, hace dos mil quinientos años, ordenó grabar en sánscrito original las instrucciones que dieron origen al templo. Allí se distinguen las habitaciones de los monjes, los patios para los devotos, los depósitos de suministros, los templetes secundarios….

Y allí están, también, los pilares devocionales. ¿Qué son éstos?. Columnatas de no más de un metro veinte de altura, sobre cuya parte superior se encuentran grabadas figuras que tuvieron en su momento valor simbólico, religioso, propiciatorio. Es interesante destacar que si bien fueron parte del monasterio y contemporáneas a su edificación, no forman parte de la liturgia budista, ya que su funciòn era llenarse las mismas –están grabadas en bajorrelieve, con unos tres centímetros de profundidad- de manteca y aceite y encenderlas con fuego en las noches para que “pudieran ser divisada por los dioses”. Con gran inteligencia, los monjes permitían que el pueblo también pudiera realizar allí ceremonias de sus propias creencias religiosas a la par de acercarse al conocimiento budista.

Los pilares devocionales

Así que me encontraba en una tarde maravillosa –maravillosa por el clima, maravillosa porque Sarnath, el pueblo, parece estar fuera de las fronteras de la India por su limpieza y orden, maravillosa, en definitiva, por estar donde quería estar- anotando, fotografiando, observando, cuando una figura, en uno de estos pilares, me galvanizó.

Era una Chakana.

Si ustedes están leyendo esta nota, supongo que es innecesario explicar lo que es una chakana. Pero, por las dudas, para definirla pobremente diremos que es la representación, en la cosmovisión andina, de los tres planos del Mundo Por Arriba y los tres planos del Mundo Por Debajo. Del “Cielo” y del “inframundo”, aunque estos términos tienen una connotación judeocristiana fuera de lugar pero sirvan de referencia. En fin, que la cosa no es aquí hace un análisis semiótico del símbolo sino plantear una pregunta sin respuesta: ¿Qué diablos hacía allí?.

La Chakana

Cuando salía del sitio arqueológico me acerqué a los empleados del lugar, inevitablemente sonrientes y explícitamente amables como todo indio, consultándoles sobre su significado. Fueron quienes me dieron la explicación sobre su uso que ya les anticipé, aunque no tenían la menor idea de qué era una Chakana y –mucho menos- el porqué de su presencia allí.

Especulemos.

Los estudiosos indios reclaman para su civilización un origen –presumiblemente dravídico y en el sur del país- alrededor del 8.000 A.C. Por otro lado, los estudiosos prudentemente académicos de todo el mundo fijan para las culturas andinas, en el mejor de los casos, una organización social circa el 4.000 A.C, con el surgimiento de Caral, sobre el que ya he hablado, a unos doscientos kilómetros de Lima. No sabemos cuándo aparece la Chakana en la India (de hecho, no he encontrado registro que esté presente en algún otro lugar de ese país) pero si se tratara de una “competencia de edades”, la historias “oficial” de la India, al ser  anterior a la americana, sería el punto de apoyo de quienes en estos días, cuando compartí esta “observación” (no me atrevería a llamarla “descubrimiento”) sostenían que esto demostraba que cierto Conocimiento viajó de la India a América. Ciertos estudios míos sobre la práctica de “asanas”, evidencias de un “yoga americano”, hallazgo de estatuillas con fuertes rasgos asiáticos ya habían apuntado en esa direcciòn. Así, el símbolo de la Chakana podría haber nacido en la India y emigrado a América.

Pero…

El Buda de pie, el más alto del mundo y réplica de la que los talibanes destruyeran en Afganistán

Si así hubiera sido, ¿no sería lógico que dicha Chakana hubiera aparecido en muchos otros lugares de la India también si es que ese territorio era, después de todo, su cuna?. ¿Qué pasa si la cosa hubiera sido al revés, es decir, de América emigrado a la India?. ¿No explicaría ello la presencia meramente circunstancial de una Chakana en el subcontinente oriental?. Y ello sin acudir al argumento de la posibilidad de culturas andinas muy anteriores a Caral. Soy de los que piensan que Posnansky, con sus 17.000 años asignados a Tiwanaku, no estaba quizás tan errado…

Sin embargo, otra es la hipótesis que me agrada. Pensando, precisamente, en la “casi” simultaneidad de la “explosiòn cultural” en todo ese mundo arcaico. La discusión si la civilización india tiene 10.000 años y la americana 8.000 (y la egipcia, y la china, y…) es bizantina. En las brumas de esos tiempos y en el desplazamiento permanente de las “líneas de tiempo” a tenor de sucesivos descubrimientos, tengo la percepción de una casi simultaneidad. Y es cuando pienso, entonces, en Sabiduría descendiendo a los planos mundanos, precisamente, de manera simultánea. Conocimiento quizás canalizado por antiguos Avatares, o adquisición kármica de una Humanidad que mereciò estar en ese punto de salto cuántico, manifestada, codificada en símbolos. La Chakana es uno de ellos.

Tantas preguntas, una más sin respuesta. O quizás sí alguien la tuviera. Cuando me alejaba del lugar, intuí las figuras de Nippur, Dago y Gilgamesh desandando el camino hacia el Sol poniente, al parecer enfrascados en amena charla. Hasta llegó a mí el eco de alguna risotada, inesperada en personaes de historial tan duro. Ajustando mi quizás centenario cuenco tibetano en mi morral, apuré el paso.

Anuncios

AYMARAS Y TOLTECAS: UNA GRAN NACIÓN PRECOLOMBINA

Es interesante observar cómo van imbricándose los retazos sueltos de anotaciones al pie de página que en el libro de la vida uno va volcando. Reflexiones aquí, una fotografía allá, el recuerdo de algún lugar visitado acullá, todo suma cuando de pronto las piezas parecen ordenarse frente a uno como un anagrama mágico resuelto intuitivamente. Esto me ha ocurrido, concretamente, cuando a lo largo de los años los objetos de mi curiosidad aparentemente ubicados en disímiles contextos históricos y temporales comienzan a mostrar(me) una hilaciòn, una continuidad que no puede menos que maravillarme.

Hay muchas evidencias que en el pasado ambos pueblos estaban en pleno contacto. En México y aquí, desde antes de la Conquista, el “tamal” es el mismo tipo de comida (harina de maíz y carne cocida envuelta en la chala de la mazorca). “Tata”, en quechua, es “papá” y en nahuatl, “abuelo”. Los incas tenían los “kipus”, notaciòn con cuerdas trenzadas, y los toltecas, el “mecatl”. Los “purépechas”, etnia mexicana sobre el Pacífico, tienen las raíces lingüísticas del quechua (“k’us”, “kius”) y se han descubierto grandes canoas por las que navegaban por la costa entre Perú y México. Ambos pueblos tenían el ciclo cósmico de 52 años, y el año sagrado de 270 días.

En Xochimilco, hoy un barrio de México DF, antes un brazo del gigantesco lago Texcoco, los tenochcas construyeron islas artificiales -aún en uso- de juncos trenzados, llamadas “chinampas”. Y la etnia de los “urus”, en el Titicaca, viven aún hoy sobre islas artificiales de totora. En el mismo Titicaca existen dos islas sagradas: la del Sol y la de la Luna. Esta últimaq es llamada “isla serpiente” o “Coati” en aymara, y en nahuatl “coatl” es, justamente, “serpiente”.

De ahí la sensatez de la historia que dice que en Xochicalco, en el año 640 de nuestra era, se reunieron sabios de toda la América precolombina para unificar calendarios. O, como se dice, se reunieron todos los “ixachitekatl”(indígena americano, nativo americano, amerindio, gente autoctona que habita en las tierras de todo el continente americano, desde Alaska y Groelandia, hasta la Patagonia chileno-argentina).

Fotografía del autor en Tiwanaku, supuestamente "Pachamama"Ya he escrito algunos trabajos planteando las analogías entre estas dos civilizaciones. Hoy he encontrado otra correspondencia, entre la diosa “Tlazolteotl” y una imagen hallada en Tiwanaku, Tlazolteotlquizás equivocadamente atribuida a Pachamama.

Dolmen de XochitecátlQuiero aportar un par más. Por un lado, en Xochitecátl, México, el único dolmen hallado sobre una pirámide. En Tiwanaku, por su parte, la “Puerta de la Luna”. También en Xochitecátl este ídolo, de clara manufactura tiahuanacana, como se ve al compararlo con el “Monolito Ponce”, del Altiplano, aunque también podemos encontrarles reminiscencias de la Isla de Pascua, todo lo cual apunta a suponer una gran cultura y sabiduría extendida por todo el hemisferio miles de años antes de la llegada de los europeos.

Puerta de la Luna

Efigie en XochitecátlCartel descriptivo en el Museo de Arqueología e Historia en México DF que documenta las raíces queshwas de los purépechas

"Monolito Ponce" en Tiwanaku

EL PORTAL DIMENSIONAL DE TIWANAKU

En la estaciòn de ferrocarril

En la estaciòn de ferrocarril

Confieso que medité largamente el título de este artículo. Me debatía entre darle una objetividad aséptica (ya saben un lustre de academicismo que lo haga digerible  al esófago hipersensible de los cientificistas), simplemente insinuar, con sesgos velados y como pidiendo disculpas, un cierto contenido esotérico, o lanzarme abiertamente a las fauces de los leones, sin negarles (o negarme) las sensaciones vividas cuando lo visité. Adivinen mi elecciòn.

Es que lo que puede interpretarse como un devaneo literario o, en el peor escenario posible, un síntoma preclaro de brote psicótico, fue parta mí una avalancha de percepciones, sensaciones, imágenes, “flashbacks”, preguntas y más preguntas. Y no es un debate menor. Los que hacemos oficio del arte de escribir sobre cuestiones tan lindantes con lo fantástico, enfrentamos todos los días la dicotomía de resultar potables para un ámbito académico, en cuyo caso tenemos que ceñirnos a normas sobre la buena manera de escribir un artículo científico, o pensamos en ese enorme público que espera otras vivencias. En lo personal creo que escribo (disculpen) para mí; y no puedo negarme una evoluciòn desde el mero recabado de pruebas y evidencias –cosa que sigue siendo muy importante, qué duda cabe- hasta el permitirme escuchar a mi corazón cuando deambulo en sitios sagrados. Algunos dirán que lo hago para vender más (y la pregunta sería “¿vender qué?”). Otros, dudarán de mi cordura. Sepan disculpar: me importa un bledo. Creo haber dado sobrada muestra de objetividad y racionalidad (que no racionalismo) demasiadas veces como para prohibirme el placer de aunar sensaciones y reflexiones en lo que será este trabajo.

Curado entonces en salud, la cuestiòn siguiente era si alimentar el viejo concepto dänikeneano de guías extraterrestres dirigiendo este monumento al misterio, o presuponer otro origen. Por un colectivo de razones que iré desgranando, mi teoría es que Tiwanaku era la puerta a otras dimensiones, un verdadero portal cósmico.

Tiwanaku (o Tiahuanaco, en la grafía hispana, pero prefiero respetar la aymara, si bien nadie está seguro que ese haya sido siempre su verdadero nombre y menos el original) es un término sobre el que aún se discute, simplemente, si es de origen aymara o queshwa. El nombre original en Aymara del lugar de Tiahuanaco no era el que conocemos hoy, sino que se llamaba “Taypicala”, que en Aymara quiere decir “La piedra en el centro”, demostrando que, para sus habitantes, el centro ceremonial de Tiahuanaco era el centro de todo su universo conocido.

•          Tiyay (sentarse) y wanaku (guanaco), es decir: «Siéntate, guanaco»

•          Sut’iyay (alborada) y wañuq (participio del verbo morir), lo cual significaría: «Alborada moribunda» (gramaticalmente erróneo, lo correcto sería wañuq sut’iyay)

Como se ve, todo entra en el terreno de la especulación. Como su antigüedad. “Oficialmente”, se le considera erigido en torno al año 1.500 AC y prolongándose hasta el 1.200 AC. Pero varias fuentes autorizadas (claro que execradas del academicismo al que hiciéramos referencia) señalan su erecciòn alrededor del 16.000 AC.  A veinte kilómetros del lago Titicaca y a 3.885 metros sobre el nivel del mar, aún si aceptamos los parámetros conservadores no quedan dudas de su fuerza primigenia frente a la cual la cultura inca empalidece. Acotaciòn al margen: hay un interesante paralelismo entre incas y aztecas, que me gustaría señalar, pues en los manuales de texto escolares de todo el mundo, cuando se quiere hablar de culturas avanzadas en la América precolombina, siempre se cita a éstas. Y coom ya he descrito en muchas ocasiones, los aztecas (más bien deberíamos llamarlos “tenochcas”) pasaron a la Historia por nutrise de la sabiduría y tecnología de culturas que los precedieron (Olmecas y toltecas) pero, muy especialmente, por estar en el escenario presentes a la llegada d elos españoles. Y lo mismo ocurriò en este Sur; los incas se apoyaron en culturas previas (aymaras y tiwanakanos, entre otros) y eran el Imperio dominante a la llegada de los conquistadores. Y así como los aztecas tuvieron su Cortés, los incas tuvieron su Pizarro…

Toltecas y Aymaras, ¿una sola naciòn?

Hay muchas evidencias que en el pasado ambos pueblos estaban en pleno contacto. En México y aquí, desde antes de la Conquista, el “tamal” es el mismo tipo de comida (harina de maíz y carne cocida envuelta en la chala de la mazorca). “Tata”, en quechua, es “papá” y en nahuatl, “abuelo”. Los incas tenían los “kipus”, notaciòn con cuerdas trenzadas, y los toltecas, el “mecatl”. Los “purépechas”, etnia mexicana sobre el Pacífico, tienen las raíces lingüísticas del quechua (“k’us”, “kius”) y se han descubierto grandes canoas por las que navegaban por la costa entre Perú y México. Ambos   pueblos tenían el ciclo cósmico de 52 años, y el año sagrado de 270 días. En Xochimilco, hoy un barrio de México DF, antes un brazo del gigantesco lago Texcoco, los tenochcas construyeron islas artificiales -aún en uso- de juncos trenzados, llamadas “chinampas”. Y la etnia de los “urus”, en el Titicaca, viven aún hoy sobre islas artificiales de totora. En el mismo Titicaca existen dos islas sagradas: la del Sol y la de la Luna. Esta última es llamada “isla serpiente” o “Coati” en aymara, y en nahuatl “coatl” es, justamente, “serpiente”.

Mecatl, sistema de notación aritmético y contable nahuatl idéntico a los "kipus" de nuestro sur

Mecatl, sistema de notación aritmético y contable nahuatl idéntico a los "kipus" de nuestro sur

De ahí la sensatez de la historia que dice que en Xochicalco, en el año 640 de nuestra era, se reunieron sabios de toda la América precolombina para unificar calendarios. O, como se dice, se reunieron todos los “ixachitekatl”(indígena americano, nativo americano, amerindio, gente autóctona que habita en las tierras de todo el continente americano, desde Alaska y Groelandia, hasta la Patagonia chileno-argentina).

Un guía excepcional

Ya comenté en alguna ocasiòn que seguí en este derrotero los pasos de mi amiga Débora Goldstern, la Alexandra David-Neel argentina. Por recomendación de ella, logré contactar (y a partir de allí forjar una cálida amistad) con el escritor y arqueólogo (algunos dirían “amateur”; en tanto y en cuanto fue adscripto al INAr, el ente oficial de prospección arqueológica en Bolivia por lo meritorio de sus trabajos, es un arqueólogo por derecho propio, y sobre él volveremos en este espacio en el futuro en muchas oportunidades) Antonio Portugal. Toda descripción de sus cualidades que yo haga aquì será

El Kalassasaya, desde la cima de la Akapana

El Kalassasaya, desde la cima de la Akapana

exigüa, para conocerle en profundidad, de modo que sugiero leer la excelente entrevista que la misma Débora le hiciera en su blog “Crónica Subterránea”, haciendo click aquì. ¡Alto!. Esperen. Prométanme, cuando menos, que si hacen “ahora” click y van al reportaje, luego volverán por aquí, sí?. No me gusta quedar hablando solo.

Canoa purépecha para viajes portulanos

Canoa purépecha para viajes portulanos

En el terreno

¿Cómo organizar claramente las sensaciones, las evidencias, las presunciones?. Permítanme llevarles de la mano por una galería de fotos, para ir comprendiendo el contexto.

Uno de los puntos más interesantes el Kalassasaya, al que se supone uno de los centros ceremoniales en uso simultáneo. Aquí, visto desde la cima de la akapana, pirámide que domina el conjunto, expoliada en buena medida por los españoles por la sospecha de un tesoro enterrado. La reconstrucciòn supuesta (y que se prosigue en forma paulatina) ubica en su cima una “Chakana”, cruz escalonada que se ha transformada en distintiva de la sabiduría ancestral de estas regiones, cavada como un lago pequeño, alrededor del cual se disponían los sacerdotes que, observando el ingreso del reflejo de los astros sobre el agua, podían así efectuar cálculos calendáricos. Es sólo una hipótesis, y pueden brindarse otras, tal vez más audaces pero no menos probables. En la akapana efectué algunas experiencias, como

"Penduleando" en la Akapana

"Penduleando" en la Akapana

medir radiestésicamente el lugar (con la certeza personal de la existencia de una cámara subterránea aún no descubierta y la prolongaciòn de dos pasadizos subterráneos en direcciòn a la cercana serranía). Permítanme acotar aquì que es un hecho que aún no se ha excavado más del 5 % del lugar, por lo que muchas sorpresas aguardan bajo tierra. En ese contexto, la afirmación de Antonio -reflejado en dos de sus libros, “La Chinkana del Titicaca” y “Ciudades Secretas de los Andes”-, en el sentido que habría una “ciudad” subterránea aún no descubierta a la que él habría podido acceder en la forma de un viaje astral, no resulta tan exótica como parece. Aún más, repetí la experiencia que me enseñaran mis hermanos mexicanos de estimular mi propia “visión astral” por contacto meditativo sobre los monumentos, y tuve así la primera de las más fuertes sensaciones visuales: la presencia de grandes oquedades bajo tierra. ¿Mi imaginación?. Puede ser. O puede no ser.

En el Kalassasaya se encuentra la turísticamente famosa “Puerta del Sol”. Que no es la única, como se cree. Por lo menos, se han descubierto otras dos, que aún permanecen tumbadas. Todas, talladas en un sólo bloque de piedera finamente pulida, así como la “Puerta de la Luna”, que me hizo rememorar inevitablemente al dolmen (¿cómo llamarlo de otra manera?) sobre

Puerta de la Luna

Puerta de la Luna

la pirámide de Xochitecatl, en México, centro de un intenso y aún presente culto a la Diosa Madre. Si bien en Tiwanaku no tenemos un trilito como ese verdadero “oopart” (“out of place artifact”, “artefacto fuera de lugar”) mexicano, el parecido es sorprendente.

Cuál es la finalidad de la (o las) Puerta del Sol, es algo que aún se ignora. Para empezar, no está en el lugar original, a todas luces. Por cierto, nadaparece estar en su lugar… Ésta fue la segunda impresiòn demoledor que tuve: al buen rato de estar paseándonos entre las ruinas, le pedí a Antonio me permitiera retirarme a meditar en soledad un rato. Así lo hice, trepando a otro montículo, tardíamente inca, desde el cual se tiene un panorama general del lugar. Fue sólo cerrar los ojos y tener la certeza inenarrable que todo estaba fuera de sitio, y aún más, que era más lo que faltaba que lo que se veía.

Dolmen en Xochitecatl

Dolmen en Xochitecatl

Bajé un largo rato después, y deambulé en silencio entre las ruinas meditando sobre lo que sentía. Al alcanzar a mi amigo, le referí, como hago ahora con ustedes, la íntima convicciòn que el lugar me generaba. Había leído las noches anteriores los dos libros que Antonio generosamente me obsequió y repasando su concepciòn -avalada por otros- que en algún lugar se encontraban cámaras subterráneas con “desconocida maquinaria” de objeto desconocido, expresé una leve disensión: no creo que en algún lugar oculto de Tiwanaku haya maquinarias. Creo que todo Tiwanaku ES la maquinaria.

¿Maquinaria para qué?. Déjenme fabular, si quieren verlo así: se trata de una tecnología espiritual, un conjunto donde el conocimiento de leyes trascendentes corrían el velo entre los mundos, entre los planos. Vi a Tiwanaku como un rompecabezas del cual se perdió el sentido original y, al intentar reconstruirlo, las piezas fueron cambiadas de lugar, forzándose un “orden aparente”, montándose las bambalinas del cuento que se quiere contar. Imaginen ustedes que nuestra civilizaciòn desaparece y sólo sobreviven unos pocos grupos de personas que vuelven al primitivismo. Milenios después, la civilizaciòn surge otra vez, y esos arqueólogos del futuro encuentran los restos destrozados de una central eléctrica y, luego que en los siglos anteriores se usaron algunos de esos restos funcionalmente para construcciones prosaicas, tratan, con lo que queda, de recuperar un sentido, uniendo las piezas de cualquier forma…

Meditando sobre estelas

Meditando sobre estelas

Frente de la iglesia de Tiahuanaco

Frente de la iglesia de Tiahuanaco

De esto, evidencias sobran: basta acercarse a la iglesia del pequeño pueblo de Tiahuanaco -que se encuentra a tiro de piedra del sitio arqueológico- para ver la iglesia, íntegramente construida con bloques extraídos del centro ceremonial, como prueban las fotografías donde se advierte que ni siquiera se tomaron la molestia de quitar los sobrerrelieves originales, así como las “agarraderas” talladas con maestría en las piedras para facilitar su acarreo. Y esto es sólo un botón de muestra: innumerables construcciones hispanas, en el lugar y hasta en La Paz, se hicieron aprovechando como “cantera” este lugar sagrado. Lo que, a propósito, nos lleva a otro problema: el lugar de origen del material para levantar la ciudadela. Porque no era originario, sino provenientes de canteras, en algunos casos, a ciento veinte kilómetros de distancia…. Si toman ustedes en cuenta que en el centro ceremonial de Puma – Punku algunos bloques pesan hasta ¡120 toneladas!, su sólo acarreo presenta un enigma mayor que el de las pirámides de Egipto.

Bloque en la iglesia con el sistema de agarre y manipulaciòn original de Tiwanaku

Bloque en la iglesia con el sistema de agarre y manipulaciòn original de Tiwanaku

La Puerta del Sol

La Puerta del Sol

El Kalassasaya y la Puerta del Sol son imágenes casi icónicas de Tiwanaku. Pero lo verdaderamente “extraterrestre” es el Puma – Punku. Allí llamaron poderosamente mi atenciòn dos cosas: la monstruosidad de algunos bloques, y el fino pulido y tallado, milimétrico, de otros. Sinceramente, no sé que es lo que aún me sorprende más. en el segundo caso, a la tersura de la piedra, que casi hace pensar en concreto (por lo pronto, Portugal y otros investigadores recuerdan las leyendas ancestrales que cuentan que los antiguos sabían “ablandar” la piedra), se suma el tallado, terso, donde uno desliza la mano sobre su superficie y parece estar haciéndolo sobre una superficie acerada. Algunas molduras son escalonadas y cada desnivel tiene unos cinco milímetros, con lo cual la pregunta obvia es qué instrumentos fueron capaces de un trabajo tan delicado. Por cierto, no los cinceles de piedra, cobre y bronce que los libros de texto les supone a los tiwanakanos.

Los enigmas del Tiwanaku al aire libre no le van en zaga a los que se encuentran en los dos museos de sitio que se hallan en el lugar. Allí se multiplican afigies y monolitos, como el famosísimo “Bennet”, al que las leyendas le atribuyen propiedades preternaturales, o el “Ponce”. También, se repiten los frisos con “chakanas” y alegorías, y es una pregunta que aún quisiera responderme el porqué se encuentra

Monolito Bennet

Monolito Bennet

prohibido el acceso al público en dos de las principales salas, donde las estelas y murales, sobrerrelieves y carátides se encuentran dispuestos para la observaciòn de un selecto “target” privilegiado. Me preguntarán entonces cómo conseguí fotografiar todo eso. Bueno, ya me conocen.

La complejidad y variedad de certezas y presunciones que genera Tiwanaku no pueden ser agotadas aquí, y será motivo de próximas entradas. Sirva entonces esta breve reseña como una “puesta en ambiente” del lector para trascender la explicaciòn simplista y siempre discriminatoria de la mayoría de los estudiosos del lugar, y un homenaje a los contemporáneos como Antonio Portugal o los ya desaparecidos como Posnansky, por su coraje y visiòn preclara.

¿Cómo no conmoverse ante el “megáfono”, por ejemplo?. En el Kalassasaya, una inusual perforaciòn en un muro permite ubicarse de un lado y, del otro, escuchar las palabras reververantes que se emitan muy amplificadas. Los fisiólogos han señalado que la estructura de la perforaciòn reproduce todas las características del oído interno humano, lo que, cuando menos, habla a las claras del conocimiento cierto de la anatomía que tenían sus constructores.

Una vista del "megáfono"

Una vista del "megáfono"

Megalito en Puma Punku

Megalito en Puma Punku

Vista lateral de la pirámide de Puma Punku, aún en proceso de excavación

Vista lateral de la pirámide de Puma Punku, aún en proceso de excavación

Conductos en la pirámide. Se discute si son acueductos, ventilaciones u otra cosa (fotografía tomada deslizándome en su interior....)

Conductos en la pirámide. Se discute si son acueductos, ventilaciones u otra cosa (fotografía tomada deslizándome en su interior....)

(... con un Antonio persiguiéndome como un "paparazzi" entretenido en dejar constancia de cada irregularidad que cometía)

(... con un Antonio persiguiéndome como un "paparazzi" entretenido en dejar constancia de cada irregularidad que cometía)

En Puma Punku. Obsérvese el perfecto pulido de la piedra y el milimétrico tallado de los desniveles

En Puma Punku. Obsérvese el perfecto pulido de la piedra y el milimétrico tallado de los desniveles

Muro frontal del Kalassasaya

Muro frontal del Kalassasaya

Muro trasero del Kalassasaya

Muro trasero del Kalassasaya

Acceso al Kalassasaya

Acceso al Kalassasaya

Monolito Ponce

Monolito Ponce

Una estela con remembranzas egipcíacas...

Una estela con remembranzas egipcíacas...

Otra "puerta" caída

Otra "puerta" caída

Friso con "chakanas"

Friso con "chakanas"

Gustavo y Antonio, durante una pausa para almorzar

Gustavo y Antonio, durante una pausa para almorzar

Vista de la Akapana

Vista de la Akapana

Vista desde un ángulo del Kalassasaya

Vista desde un ángulo del Kalassasaya

Facebook de Gustavo Fernández

A %d blogueros les gusta esto: