¿”AZTECAS” SANGUINARIOS?: MANIPULANDO LA HISTORIA, HASTA APENAS UNOS MINUTOS ATRÁS

Casi, casi como un guiño irónico de mi destino personal, a pocos días de emprender un nuevo viaje a España en plan de continuar difundiendo el Conocimiento Ancestral en general y al frente de la primera Formaciòn de Guías de Temazcales en ese país en particular, hace apenas –como quien dice- “unos minutos”, el jueves  7 de abril, el Presidente de la Corporaciòn de Radio y Televisiòn Española (RTVE), nada menos, don Antonio Sánchez, pronunciò en una conferencia donde literalmente comparó a los aztecas con los nazis, reinvindicó en todos sus términos, sin un solo acto de contricciòn y sin que le temblara la voz la barbarie de la conquista como toda conquista- europea en América y literalmente quiso entronizar a esos Barones de la Guerra que fueron Hernán Cortés, Francisco Pizarro y otros como héroes de la “culturalizaciòn” y evangelizaciòn. Según su mirtada, la conquista de América sólo parece haber significado escuelas, hospitales e iglesias. Y elk giro casi cruelmente sarcástico de la situación es que dicta esta conferencia en… la “Casa de América” en Madrid.

Doy fe que cuando el hermano de camino David Conde Carranza me alertó sobre estas palabras facilitándome el enlace correspondiente en Youtube (https://www.youtube.com/watch?v=mgJg4waUhKU&feature=share ) mi primera reacciòn fue en realidad casi de desprecio. “Otro ignorante más”, me dije, hasta detenerme a reflexionar que, ignorante o no, quien detenta semejante cargo de responsabilidad mediática no puede permitirse este u otro tipo de afirmaciones sin, cuando menos, un asesoramiento previo. O una cuidada reflexiòn de las palabras. Salvo que de esas reflexiones surja, precisamente, la meridiana intenciòn de decirlo así y no de otra manera..

No pude, no puedo, permitirme caer en la violencia literaria y literal. Ni entrar en el debate estéril de “lo bueno” que toda conquista deja –siempre algo, siempre muy menor a los males que deja- Cualquier imposición por la fuerza nace mal parida. Y referir que “hay que contextualizar”, que “así es como se hacían las cosas” en esos tiempos no deja de ser una forma de justificación. Si precisamente “así es como se hacían las cosas”, entonces tenemos que ver en ese contexto cómo se hacían las cosas de ambas partes.

Y aquí está el quid de la cuestiòn.

Si se piensa en detalle, la justificación de los bemoles de la Conquista es más “políticamente correcta” en tanto y en cuanto se admita la “historia oficial” de un pueblo guerrero, sanguinario, en constante búsqueda de víctimas para sus masivos sacrificios. Para el ideario colectivo, lo malo hecho a los malos es menos malo. Y aunque se “contextualice”, diciéndose, por ejemplo, que esos sacrificios era “parte de la cosmovisión de ese pueblo en ese momento histórico”, desde lo profundamente inconsciente y emocional, otra vez, lo hecho a ellos parece “menos malo”. No será así, ciertamente, a quienes se detengan a reflexionar con objetividad en estas circunstancias. Pero el director de una corporaciòn televisiva no habla, precisamente, a ese grupo que se detiene a reflexionar con objetividad, sino a una gran masa consumista que responde a estímulos emocionales. Pregúntenle a Mel Gibson y su penosa “Apocalypto”, a los millones de dólares recaudados y a la cero crítica masiva que quienes pagaron esas entradas al cine han expresado.

Porque, ¿cuál sería la reacción de las masas si se institucionalizara la convicción que tales sacrficios humanos realmente no han existido o –cuando menos- fueron tardíos y esporádicos?. ¿Puede negarse que entonces, la reacciòn ante los dichos de este empresario de medios sería poco menos que de repudio general?. Está tan instalada en la sociedad lo que se cree una “certeza histórica” que los debates (y los sentimientos) continúan a partir de allí, sin cuestionarlo.

Y, sin embargo, parece que la realidad es otra. Tales sacrificios serían parte de la gran mentira que nos han contado durante cinco siglos, como he explicado aquí.

Una mentira tan instalada como la de la propia existencia de tales “aztecas”. Es patético –no se me ocurre decirlo de otra manera- que hasta muchos mexicanos hablan de sus ancestros como tales. Juegan al fútbol en el “Estado Azteca”, miran televisión en la “TV Azteca” y más, dando por hecho y casi con orgullo, que ese gentilicio les corresponde. Difícil es que se pregunten de dónde nace el término.

Y aquí llegamos a lo que, casi con timidez, diversos cultores del Conocimiento Ancestral están recuperando. Y que es el hecho que tal término (que en puridad significaría algo así como “indio sucio”) aparece recién allá por 1780, y mencionado por escrito tan tardíamente como 1801. ¿Y antes?. Pues que estos pueblos se llaman por sus propios patronímicos: nahuas, mexicas, tenochcas (por eso su gran ciudad era “Tenochtitlán”, tierra de tenochcas. De haber sido la “capital azteca” se habría llamado “Aztecatitlán”). Y si el término deviniera de la antigüedad histórica, pues “Olmecas”, ya que allí están sus raíces más remotas.

¿Y qué hay de aquellos dichos que se llamaban “aztecas” por proceder de una tierra mítica llamada “Aztlán”?. Otro mito. En ese caso –que no remite a fuentes históricamente comprobables- se habrían llamado “aztlanecas”  o “aztlaltecas”.. Parece un tema menor (qué les hace unas letras de más o menos en el nombre) pero siendo el “nahuatl” (la “lingüa franca” hablada en todo el Anahuac prehispánico) un “idioma de aglutinación” (donde los términos pueden ser descompuestos en palabras o prefijos con significado propio) el cuidado de la observación etimológica es fundamental. Y si “azteca” fuera, aún así, la degeneraciòn de un término preexistente, remitiría a un paraje que, siendo “Aztlán” “lugar de garzas”, sería sólo el nombre de un grupo étnico específico y no de toda una civilización. Conclusión: de una u otra forma, la “civilización azteca” nunca existió.

 De modo que la construcciòn de Antonio Sánchez es falsa por donde se la mire. (Él mismo cita a una historiadora, en su discurso, diciendo que dijo lo que, en una búsqueda prolija, resulta que nunca dijo). ¿a qué conclusión me lleva todo esto?. A que los dichos del Presidente de RTVE no son “casuales”, no es un “lapsus”, no es una “frivolidad”: es parte de una concepción programática de condicionamiento cultural sostenida, con los medios del momento, a través de los siglos. Y esto me resulta muy interesante, porque uno –yo- puede suponer que decirlo hace quinientos, cuatrocientos, trescientos años tenía como objetivo geopolítico el control sociopsicológico de masas subsumidas a un Imperio pero hoy, en que ese imperio ya no existe, que se sostenga –a través no solamente de discursos, sino de libros de textos, “convenciones periodísticas”, etc- significa que por razones que debemos considerar aún hoy sigue siendo necesario mantener a las masas en la ignorancia de la verdadera historia. Y ya no de una historia reciente, donde sus protagonistas –o intereses- aún estén frescos, sino de una historia casi sesquicentenaria. ¿Cuál puede ser la utilidad, hoy, en el siglo XXI, de persistir en que la sociedad piense respecto a la América precolombina como en el siglo XVI?.

Voy a correr el riesgo de resultar extremadamente simplista y reduccionista, y sin duda la explicación es mucho más compleja, más allá de mis luces intelectuales. Pero no puedo dejar de sentir, quizás más que razonar, que si se instalara en el ideario colectivo la “otra versiòn de la historia”, la de una América con una cosmovisión más genuinamente espiritual –que no “ecleciástica”- respecto de la europea, el renacimiento del lícito orgullo por la raza, la cultura, el empoderamiento de la propia historia cambiaría la “cosmopercepciòn” de las inmediatas generaciones. Pensemos en esto: en nuestra cultura “judeocristiana”, a los niños los formamos, en la preparación histórica, hablándoles de Roma, Grecia, quizás Egipto como referentes de la “cultura y la civilización”. Poderosas y mucho más arcaicas culturas, como la china, la india y la tolteca, apenas merecen algún párrafo rápidamente olvidado. Argumento: precisamente como nuestra civilización se construyó sobre raíces griegas y romanas –y, en todo caso, judeopalestinas-, eso es lo que se enseña. Pero, ¿qué ocurriría si en las nuevas generaciones inculcásemos la cuoridad penetrante en aprender sobre esas “otras” culturas, no sólo desde lo meramente, si se quiere, arqueológico, sino haciendo verdadera “arqueología del espíritu”?. ¿Qué pasaría si en consonancia con esas nuevas miradas, esas generaciones se preguntarán, exploraran esas “otras espiritualidades”, esas “otras sociedades” de las que devendrían ideas de organizaciòn política alternativas a la dicotomía “autoritarismo – democracia” que signa el pensamiento de nuestra civilización?.

Mi agradecimiento a David Conde Carranza, de España,  por facilitarme la info sobre RTVE, y al hermano, amigo y maestro Gerardo Alcántara, de México,  por compartir ideas y asesorarme en aspectos históricos.

La mentira de los “espejitos de colores”

colonYa he escrito en numerosas oportunidades como a través de la Historia grupos de poder -sobre los que no regresaré en esta oportunidad, no por falta de interés en hacerlo…. sino porque, precisamente, ya lo he hecho en numerosas oportunidades- han realizado (y, sospecho, piensan seguir haciéndolo) una verdadera “ingeniería social” para condicionar el pensamiento de las masas y dirigir las evoluciones culturales en determinadas direcciones.

En ese contexto, una de las herramientas más empleadas -por ser una de las más eficientes- son los “memes”, construcciones ideológicas e intelectuales que se incrustan en el Inconsciente Colectivo y se adoptan como verdades establecidas hasta por el sentido común, pero que son absolutamente falaces en su origen. Por ejemplo, el “meme” de “Los Espejitos de Colores”.

Según éste, Colón y sus hombres -y sus imitadores- engañaron vilmente a los pueblos originarios proponiéndoles canjear el oro y la plata que éstos tenían por trozos de vidrios coloreados. Y así lo habrían hecho. Más allá de lo espúreo e incomprobable, históricamente hablando, e la afirmaciòn, la conclusiòn final a la que la gente llega a través de siglos de contar esta historia es simple: los conquistadores no demoraron nada en ser unhos soberanos explotadores y estafadores. Unos “vivillos”, bah.  Pero hay una segunda conclusiòn, de la que nadie habla porque deviene por carácter transitivo: los aborígenes eran unos ingenuos, inocentes, unos simplones sin remedio. Y así les fue.

Insisto en la lectura de este “meme”. Por un lado, europeos hábiles y mentirosos que resultan ganadores (tanto en lo militar como en lo comercial). Por el otro, nativos casi bobos.

Ustedes pensarán, llegados a este punto, que el “meme” perjudica entonces a los europeos, no a los amerindios. Pero cometerían un error conceptual. El efecto de un “meme” está condicionado por el entorno psicocultural donde se aplica. Y en este entorno, el de los últimos quinientos años, es un entorno donde lo dominante en el Inconsciente Colectivo no es la bondad, la ética, los principios. Lo dominante (¿es necesario recordarlo?) es el Dinero. Porque vivimos en la cultura de lo conveniente, no de lo correcto. Donde al éxito financiero se le reconoce supremacía sdobre el éxito moral. Por lot anto, insidiosamente, ese “meme” termina potenciando la convicciòn que los conquistadores fueron mejores -en términos de rentabilidad financiera- que los aborígenes americanos.

Pero es un “meme”, porque es mentiroso.

Enfóquenlo desde esta óptica. Entre los amerindios, abundaba el oro y la plata. Y no había “espejitos de colores”. Por lo tanto, al entregar algo de lo que tenían en cierta abundancia por un bien extrañísimo y exótico, éste último se transformaba en un bien altamente preciado  y hacían un excelente negocio.

Así que de ingenuos y tontos, nada. Y nosotros, si continuamos creyendo-repitiendo-viralizando ese concepto, seguiremos contribuyendo al proceso infeccioso -en términos socioculturales- de un “meme” deleznable.

Un error Chamánico a velocidad WARP

Estas pocas líneas no ameritan quizás más atención que la de una meditación reposada. O la estridencia foquista de un grito de alarma. Tómese como se quiera, pero tómese. Porque, de lo contrario, lo que genéricamente llamamos “Chamanismo” (por extensión; el rescate de la Sabiduría Ancestral) corre un riesgo no menor. ¿Acaso no han advertido ustedes, cuando navegan entre tanto sitio, escuchan a tanto transmisor de conocimientos, leen tantas publicaciones, que una parte sensible de quienes tienen en sus manos la perpetuación de ese Conocimiento está haciendo más hincapié en los rituales que en las esencias, en el continente que en el contenido?. Que si el temazcal tiene que tener una puerta, cuatro u ocho. Que si te pones una cinta roja en la cabeza o en la pierna. Que si saludas a cuatro rumbos o a seis. Que si giras a la derecha o a la izquierda… Esta misma nota fue disparada por un anuncio que leí por ahí sobre fabricación de tambores chamánicos, y el comentario hablaba más de los rituales que deben realizarse que de la fabricación en sí. Claro que me queda claro (valga la redundancia) que el ritual, cualquier ritual, es la densificación en el plano material de contenidos de los planos sutiles, y debe ser atendido. Pero no puedo evitar pensar también, con cierta ironía, que todo ritual es “aceptable” por “incomprobable” mientras que el tambor material, o suena bien o no suena, mientras que el temazcal, material, o se calienta o no…

Hermanos del Camino: miren a la Iglesia Católica. Por años se ha señalado que una de sus grandes falencias ha sido, precisamente, haber puesto tanto tiempo, tanta exigencia, tanta energía en la puntillosidad barroca de sus rituales que ha perdido su esencia. Comparen esta Iglesia Cató0lica con la comunidad que creó Jesús. Pero ellos ocuparon unos dos mil años en desviarme de su camino original. El actual Chamanismo, en cambio, lo está haciendo a velocidad Warp…

Hermanos del Camino: aprendamos de tanto aprendiz de hechicero que cree que cuanto más vestidura ancestral se pone, más accesorios naturalistas mete en su morral más “chamán” parece. Y ante la exigencia de las vivencias, corre olvidando todo ello. Y está bien que así sea: la Sabiduría Ancestral pura es apenas un puñado de verdades y un puñado de prácticas. Que, como buenos puñados, deben caber en los puños. Lo que sobre, es superfluo. Decorativo. Bijouterie espiritual.

Hermanos del Camino: aprendamos de tanto “chamán urbano” que sostiene que en un apartamentito confortable con aire acondicionado y música funcional se hace Chamanismo mientras se toca una flauta, se ciñe una cuerda en los cabellos y se golpea un tambor. “Chamanes urbanos” de amplia difusión en esta sociedad cosmopolita son como autoproclamados prelados cardenalicios, los obesos purpurados de los Pueblos Originarios….

INCOHERENCIAS EN TORNO A LA SABIDURÍA ANCESTRAL. ¿Y TAMBIÉN NEGOCIADOS?

Este será un artículo breve, porque más que un artículo es fijar una posiciòn. O, si se quiere, refrendar una posiciòn ya tomada. Y porque lo bueno, si breve, dos veces bueno. Y por si fuera necesario aclararlo, es la opiniòn de quien esto firma, es decir yo, Gustavo Fernández, sin que signifique el pensar de “Movimiento Chamnánico” o nuestra Agrupaciòn Difusora de Sabiduría Ancestral “Casa del Cóndor”.

En una reflexiòn anterior (que puede leerse, para quienes la desconozcan, haciendo click aquí ) expliqué las razones por las que decidía tomar distancia de los organizadores de ciertos eventos internacionales en torno a las Culturas Originarias. No me repetiré aquí. Valga mencionar que, empero, durante este año y a pesar de esos comentarios, he recibido insistentes invitaciones de los organizadores del que debería haber sido el congreso 2013 de la temática, organizadores en parte originales, en parte los viejos rostros de siempre. La propuesta era tentadora: viáticos pagos para un evento que reuniría a centenares de referentes de todo el mundo vinculados a las etnias ancestrales, el Chamanismo y un largo etcétera. Públicamente rechacé estas invitaciones (por una obvia cuestiòn de coherencia) y expliqué a algunos de sus referentes los motivos que me llevaban a esa decisiòn. Amablemente se me dijo que las cosas habían cambiado, que lo importante era (ya conocemos de memoria el “speech” tradicional ) unir a las almas con “buenas energías”, en estos tiempos de “saltos cuánticos”, para “homenajear a la Madre Tierra” y todas esas ideas que tan agradables suenan. Y como soy un cabeza dura, seguí agradeciendo y absteniéndome, deseando el mejor de los éxitos a quienes emprendieron esa tarea.

“Sotto voce” (porque parece que, salvo un servidor, nadie se atreve a ponerlo en letras de molde) muchas personas habitualmente bien informadas nos felicitaron; se deslizaban nombres de ex organizadores de estos eventos, ayer referentes de la “nueva humanidad”, hoy, en boca de los mismos ex admiradores, reducidos a la pedreste categoría de operadores a comisiòn de los que drenan -aquí y allá- el erario público. Políticos, bah. Se nos habló de cuantiosas cifras en dólares que habrían ido a los bolsillos de tres o cuatro “hermanitos de Camino” y de multitud de negocios paralelos para los “cuadros inferiores”, desde la impresiòn con el dinero de pueblo de libros indigeribles pero en cuidadas ediciones que ya querría para sí algún literato de prosapia, como la venta de lotes de terreno en “suelo consgrado” por ceremonias ancestrales.

Siempre sostuve que las acusaciones deben hacerse con pruebas y ante los estrados de la Justicia, que para eso está. De modo que de estos dichos tomé apenas nota mental a la espera de alguna hipotética evidencia circunstancial.

Hoy, llega un mail informando que el evento de este año se había suspendido.

¿Porque asi lo habia decidido algún “Consejo de Ancianos” esperando mejores momentos?. No. ¿Porque las fechas no eran astrológicamente convenientes?. Tampoco. ¿Porque se esperan eventos sociales que impliquen a los Pueblos Originarios y se desea ser más funcional a los mismos?. Menos.

Se suspende porque -así se aclara en el mail- “no bajaron los fondos esperados del gobierno”.

Penoso.

Penoso por varias razones:

– Porque si uno está imbuido de la mística que pregona para llevar adelante un esfuerzo de organizaciòn semejante no puede permitirse el lujo de ser rehén de la limosna estatal.

– Porque si se cree con convicciòn en aquello en lo que uno se ha embarcado, se aprende que el Saber más importante legado por los Ancestros es el valor de la Palabra. ¿No lo dicen permanentemente todos los maestros de sabidurías ancestrales?. ¿Que la Palabra dada es más importante que la propia vida?.  Es que entonces, algunos se vuelven a quedar en, ya saben, el “speech” metafísico para ingenuos. En los hechos, el bolsillo vale más que la Palabra.

– Porque si te prometen recursos y no te cumplen, en vez de cien conferencistas reuní diez. En vez de traer veinte referentes internacionales traé dos. En vez de mil asistentes reuní doscientos. Pero si hay que hacerlo, hay que hacerlo. Y si algún chusco va a sugerir que escribo así porque no estoy en ese lugar, quienes siguen nuestras actividades saben que sí, que hemos estado hace muy poco en ese lugar, el de organizar un encuentro internacional de nuestros propios bolsillos. Pero porque teníamos el compromiso con el ideal, se hizo todo lo necesario. Y se hizo.

– De modo que si se elige, a pesar de la Palabra y el discurso trascendental, no hacerlo, no será porque no sea correcto. Será porque no es conveniente. Y es aquí donde no puedo evitar pensar que si ese “dinero del gobierno” “hubiera bajado”, el evento se hubiera hecho y quizás alguien se hubiera quedado con un “vuelto”. Una “mordida”. Un “retorno”. Una “coima”. No puedo ser más claro. Porque sólo si no hay un beneficio económico para algún particular, se explica suspender lo que ya había movilizado tantas expectativas. Si ese Encuentro hubiera perseguido sólo el lícito objetivo de los enunciados escritos se habría concretado mediante una suma de voluntades. La lectura es clara: sólo se deja de concretar el negocio que se sabe fallido.

Es una pena. Por un tiempo creí, o deseé creer, que esta vez las cosas, los fines, las razones, las motivaciones, fueran distintas. Sospechando que si se habían retirado algunos “socios” y permanecían otros, difícil era que las cosas cambiaran. Y sólo cambiaron en algo: que esta vez hubo partes que no acordaron. Y como reflexiòn final (sobre todo a aquellos seudo místicos que dirán que lo que se sospecha es poner en el “otro” lo que está en uno, lindo argumento para ir a decirle, por ejemplo, a la mamá de una víctima de pederastía):  el sólo hecho de comprometerse en algo y no cumplirlo (aún sin negociado detrás, que no me lo creo) enfrentando cualquier pérdida económica (¿no es que darían la vida, después de todo, por la Palabra?) no sólo quita a estas personas toda seriedad: les quita toda representatividad de la auténtica Sabiduría Ancestral.

Finalmente, aquí, entre nosotros (total, no nos lee nadie), no sé qué me molesta más. Si las razones apuntadas o que supongan que somos tan básicos de aceptar que el motivo dado es razón suficiente.

Acotaciòn post edición: Apenas publicadas estas reflexiones, una lectora acercó este comentario, refiriéndose a los “organizadores”: “La Pachamama les negó su fuerza”

No me extrañaría.

Sobre el término “Chamanismo”

Este Movimiento -y la descripción de buena parte de sus contenidos- emplea reiteradamente el término “Chamanismo”, “chamámico”, “chamán”. Empero, se impone una necesaria aclaraciòn: sabemos que el término “chamán” deviene de “shaman”, expresiòn propia de etnias siberianas que se aplica estrictamente al Hombre – Medicina y, por extensiòn, al “sanador”. Por tanto, la palabra “Chamanismo” debería emplearse sólo para rituales y ceremonias vinculadas a la “sanaciòn”, sea ésta espiritual o no. Si lo usamos en un sentido más amplio, abarcando la totalidad del Conocimiento Ancestral de los Pueblos Originarios, es debido a que la masificaciòn y vulgarizaciòn de la expresiòn hace que en todos los niveles de conocimiento su empleo remita al contexto que refiere. En otras palabras: al leerlo, cualquiera entiende aproximadamente de qué trata la cosa. Ya habrá entonces tiempo y espacio, en artículos y reuniones, de emprolijar la semántica. No nos preocupa tanto que el origen del término sea asiático y no americano ya que, como señalamos numerosas veces, entendemos que el Conocimiento Ancestral no queda circunscripto a una geografía específica. Empero, sabemos que cada Pueblo Originario, cada Filosofía Pretérita merece ser designada por su nombe propio: sirva este acápite sobre Chamanismo como un humilde homenaje colectivo a todas ellas en espera de una terminología que la englobe con más justicia.

EL CHAMANISMO COMO SENDERO INICIÁTICO Y EL TEMAZCAL COMO HERRAMIENTA DE INICIACIÓN

Debo comenzar, sin embargo, por una pequeña cita para mí reveladora. En mis conversaciones con especialistas en tierras del Ánahuac, ellos me referían, constantemente, su certeza que el temascal, como baño de vapor terpéutico y místico, supo extenderse alguna vez por todo el continente americano, desde Alaska hasta Tierra del Fuego. Empero, si bien pueden hallarse evidencias en el actual territorio de Estados Unidos y América Central,  no me había sido posible, hasta ahora, detectar indicios entre nuestros pueblos originarios de Sudamérica, al punto que alguna vez llegué a pensar que tal vez era sólo un rumor, una expresión de deseos.

Pero no.

Y el grato hallazgo ocurre precisamente entre uno de los pueblos menos conocidos –y tal vez por eso- más enigmáticos del actual suelo argentino: los comechingones (mal llamados así: se trata de la etnia “henia-kâmiare”) habitantes de la provincia de Córdoba. Más precisamente, en el Valle de Punilla. Más aún, con intensa presencia en las regiones de Capilla del Monte, Ongamira y alrededores. No creo que sea casual esto; la inluctable relaciòn energética entre esta regiòn y Tepoztlán, en México (y que he descripto en “Ecos chamánicos entre Tepoztlán y Capilla del Monte”) da otro sentido a la repetición, en estas tierras australes, de prácticas tan difundidas entre los pueblos toltecas y otros.
La cita en cuestiòn la hallé en “Relación de las provincias del Tucumán” (1582) de Pedro Sotelo de Narváez: “… acostumbran meterse en las casas debajo de tierra y muy abrigadas, a sudar, como manera de baños, y de allí salen, después de sudar mucho, a que les de el aire, aunque se enjugan dentro”.
De hecho, un temascal. A sabiendas de la profunda mística de estos pueblos, capaces de erigir centros ceremoniales de propiedades aún desconocidas es inevitable trascender la mera casualidad. Por cierto, cuando en Xochicalco, en esa verdadera “universidad del espíritu” tolteca escuché los fundamentos de un encuentro continental de sabios, allá por el 650 de nuestra era, y cuando fui reuniendo evidencias que establecían una identidad cultural entre el Tawantinsuyu y el Ánahuac, la casualidad se transforma en causalidad.

Repasemos algunas de esas evidencias, no necesariamente en orden de importancia, sino como afluyen a mi recuerdo:

–         El calendario religioso de 260 días.
–         El uso de cuerdas anudadas como registro contable, calendárico, etc. El “Mecatl” en el Norte, los “kipus” en el Sur.
–         La “cultura de las pirámides” aterrazadas
–         La presencia del pueblo Purépecha en México, con raíces lingüísticas quechuas en su lenguaje, capaces también de construir grandes canoas para navegación “portulana” (con la costa a la vista) con las cuales, está demostrado, llegaron del Perú a México en tiempos remotos.
–         El aspecto de cráneo alargado tanto de Qurzalcoatl como de Viracocha, y la persistencia de la costumbre ritual de alargar cráneos desde el nacimiento.
–         El ciclo cósmico de 52 años.
–         Correspondencias culinarias, como los tamales (¡qué inclusive se llamaban con el mismo nombre desde épocas prehispánicas!) en la actual Argentina como en México.

Y ahora, también los temascales.

El linaje

Todo proceso iniciático requiere una relaciòn discípulo – instructor. O, para ser más precisos, una escalera de trascendencia, básicamente de tres niveles: Aprendiz – Compañero – Maestro. Y un contexto, institucional o casi, en el cual ese aprendizaje de las “formas” -rituales- como recreaciòn Microcósmica de procesos Macrocósmicos sean conocidos, practicados, aprehendidos, develados sus arcanos significados y significantes, aplicados y sostenidos en el tiempo. Esa es la razón de ser de todas las sociedades iniciáticas. Y el kalpulli lo es también.
Un “kalpulli” es una hermandad de transmisiòn del conocimiento ancestral originario. En este caso  su naturaleza es iniciática. Los “tekius” o “trabajos” hechos en su seno y por instrucciòn de sus superiores, los ritos de paso, todo ello propende a despertar en el estudiante y practicante -porque en Esoterismo no se es una cosa si no se es la otra- cualidades espirituales sobre las cuales no tiene sentido abundar, toda vez que no es su razón de ser la de presumir ante terceros sino para que cada uno, cada una, sepa dentro de sí que pule de la basta piedra bruta que en masónica alegoría es nuestra naturaleza.
Pero una iniciación esotérica, por cumplimiento de la Ley de Correspondencia (ver al respecto mi trabajo “Fundamentos Científicos del Ocultismo”) debe ser operativa y filosófica. Filosófica, porque propende al conocimiento en virtud del Conocimiento en sí. Y operativa, porque debe ser herramienta de Cambio, de modificaciòn. En síntesis, de Evoluciòn.
Pero una evoluciòn egoísta, centrada y finita en el individuo, desacraliza la iniciaciòn que le ha sido conferida. Porque la evoluciòn debe irradiar hacia el entorno. Si la filogénesis repite la ontogénesis, la razón de ser de las búsquedas espirituales debe ser también incidir, actuar, impulsar la evoluciòn del entorno del individuo. Como un campo radiante que se extiende y derrama a su alrededor, todo Iniciado tiene el deber moral de transmutar y transmutarse, de ayudar y ayudarse, tanto en lo físico como en lo espiritual.
Y el “kalpulli” como contexto, y la Inkaltonatl (ciencia espiritual tolteca) lo son en grado sumo. En algún momento me referiré a las posibilidades sociales y económicas (y por lo tanto, políticas) que el kalpulli puede brindar a la colapsada sociedad contemporánea. Quizás más cercanos al concepto de un arcano cooperativismo, psicológico antes que social, los pueblos originarios pudieron haber escrito, si se les hubiera permitido, una historia distinta. sospecho -más aún, estoy convencido- que una de las razones históricas para arrasarlos, someterlos y esclavizarlos en la pobreza y la ignorancia a través de los siglos es, precisamente, el conocimiento que los Poderes en las Sombras tienen que un despertar de la conciencia originaria (si les suena mejor que “conciencia indígena”) conlleva necesariamente el colapso del sistema consumista y dominante eidéticamente de los últimos quinientos años. Tras las matanzas de Chiapas, tras el Ejército Zapatista de Liberaciòn Nacional y su Subcomandante Marcos (¿alguna vez se preguntaron, si Rafael Sebastián Guillén Vicente -tal su presunto nombre real- es el “subcomandante”, quién -o quiénes- son los “comandantes”?) y la masacre de Tlatelolco en 1968 se esconde más, mucho más, que intereses políticos del momento.

Por eso toda iniciación -y la indigenista lo es- requiere de tres elementos.:

– En primer lugar, la organizaciòn heredera del Conocimiento, del linaje.
– En segundo lugar, un Maestro, un Iniciador, un Guía.
– En tercer lugar, un Espacio Sacro y un Ritual (o varios).

El temazcal

Y el temazcal es ese espacio sagrado. Es un Templo, pues, en primer lugar, allí se establece -si simbólica o expresamente, depende del Nivel de Realidad en que se ubique el iniciado- una conexiòn entre el ser humano y la Madre Tierra (Tonantzintlalli o Pachamama). En él se re – crea el re – nacimiento (en este caso espiritual). En él se amplifican los miedos, la Sombra, los deseos, se aplasta el Ego y en ese Tlazolteótl (“la fuerza que destruye y crea a sí misma”), transforma el cuerpo del ser humano en un atanor dentro de otro atanor para catalizar un verdadero proceso alquímico de donde será Piedra Filosofal el Quetzalcoatl, el Tezcatlipoca, el Huitzilopochtli o el Xipec Totec que despierta dentro de cada uno.
Por supuesto, también puede usarse para la terapéutica física o meramente psicológica, de la misma manera que el templo cristiano, judío o budista también puede ser visitado por turistas, para tomar fotos artísticas, para conocer la historia de una localidad. Pero que en el momento del ritual, se transforma en otra cosa.
Entonces, pasar por sucesivos temascales (sean éstos terapéuticos, guerreros o místicos) es someter a la materia, nuestra materia, al “disolve et coagula”, una y otra y otra vez. Hasta que la negra costra comienza a desprenderse permitiendo brillar al Sol la estrella que en su interior fue transmutada de bajos elementos a otros de orden Superior.

Nota importante: En este contexto empleo la palabra “chamanismo” para remitir sencillamente al lector al tema que se trata, sabiendo que el mismo, así como el “chamán” sólo implica las artes de “curaciòn” espirituales del mismo.

¿De qué hablamos cuando hablamos de Sabiduría Ancestral?

Resulta estimulante comprobar cómo en los últimos años se ha acrecentado el interés público por la Sabidurìa Ancestral. Una cosmovisión de orígenes remotos y generalmente asociada a grupos étnicos en épocas naturalistas de sus propias líneas de Tiempo. O para ponerlo más claro, hablamos de Sabiduría Ancestral y pensamos en chamanes amerindios, siberianos, africanos, asiáticos, polinésicos. Y por inevitable extensión del mercadeo, el “packaging” de quienes difunden esas enseñanzas debe estar en sintonía con esa presunciòn. Así, formadores cosanguíneos a inkas, mexicas,  yorubas, mapuches, celtas y un largo etcétera, idealmente con ropajes típicos representan a los ojos de muchos el paradigma del camino ancestral.

Y está bien que así sea; después de siglos de ninguneo, de oscurantismo, de explotaciòn o marginaciòn, el orgullo por las raíces y la reivindicación de las costumbres de la raza es un bien que debe ser respetado. El problema es cuando los argumentos válidos y las buenas razones, sea por purismo, exageración, intereses o falta de rigurosidad conspiran en contra del objetivo inicial. Porque lo descripto es Sabiduría Ancestral. Pero no toda la Sabiduría Ancestral.

 Si por definición la misma es el conocimiento legado por nuestros antepasados, el tatarabuelo del lector es su ancestro. Y si ese tatarabuelo legó una enseñanza, ésta es Sabiduría Ancestral. No es necesario remontarse a decenas de siglos atrás, o acotar exóticas geografías, para hallarnos en presencia de ese Saber Originario. Por caso: ¿los conocimientos espiritualistas de los cátaros no serían Sabiduría Ancestral?. ¿Los ejercicios alquímicos del Medioevo tampoco?. ¿No es Sabiduría Ancestral la filosofía neoplatónica?. ¿Tampoco lo es el Bardo Todol o el Libro Egipcio de los Muertos?. Y si se acepta la fuerte presunciòn de visitas extraterrestres en la Antigüedad y su legado -en forma de conocimientos o genética- a los pueblos terrestres, ¿acaso eso es menos Sabiduría Ancestral?. ¿Por qué estamos condicionados –creo que el término no es menor- a ver como Sabiduría Ancestral sólo lo proveniente de Pueblos Originarios porque, así también, porqué un “pueblo originario” lo es sólo del continente americano?.

Razonar en otra direcciòn da pábulo a un racismo al revés. Quienes tenemos ascendientes europeos, por caso, pero que hemos acreditado nuestro interés y compromiso con las enseñanzas, por ejemplo de Toltecas, Inkas y Aymaras, hemos sufrido en carne propia la descalificación de algunos “maestros” que nos endilgan nuestra inhabilidad para volcarnos a ese conocimiento sólo por no tener sangre indígena. ¿Se entiende porqué hablo de un “racismo al revés”?. Y aún más: en ciertos ámbitos aficionados a estos menesteres se ve como poco aceptable el papel de transmisor de conocimiento si uno no viste un poncho, tilma, túnica, si no lleva el cabello por los hombros (aunque aquì, algunos que duermen la siesta enroscados en la pata de la cama dirían, quizás con razón, que hablo por envidia) e inevitable “vincha”, bandana, “ixcoatlmecatl” o cinta ciñendo la cabeza.

Creo que el objetivo de recuperar la Sabiduría Ancestal es, primero, evitar lo meramente folklórico o nostálgico. Tiene que ver con recuperar enseñanzas que sean de utilidad y valor al hombre y la mujer contemporáneos. Pero me resulta chocante observar cuántas veces, creyendo que el hábito hace al monje, algunos practicantes creen estar más cerca de sus ancestros si viven todo el día (perdón por la expresión) “disfrazados de”. Si dictamos nuestras conferencias de elegante sport, si nos valemos de recursos tecnológicos, es decir, si no respondemos al “estereotipo indígena” (donde no gratuitamente tantos sociólogos han señalado la perversa y subliminal similitud de la palabra con “indigente”) pareceremos “menos creíbles”. Y de lo que en realidad se trataría, es que resultaríamos “menos vendibles”.

 Estas reflexiones apuntan a dos conclusiones: por un lado, tal como se dijo, hablar de Sabiduría Ancestral incluye, por propia definición, cualquier conocimiento de valor espiritual, psicológico, social, proveniente del arcano de la Historia. De cualquier Historia. Y en segundo lugar: caminando los senderos de la Sabiduría Ancestral se aprende, a veces dolorosamente, que ser “jefe indígena” no es ser necesariamente “maestro”. Si los conquistadores creyeron engañar a los aborígenes con espejitos de colores[1], evitemos por lo menos el camino inverso del producto. Es penoso observar como cualquier nativo de cierto país, sólo por su piel cetrina y, como dije, una cinta ciñendo su cabeza más algunos aditamentos artesanales se transforma en un envase referencial frente a cualquier estudioso y practicante que luego de sus pininos iniciales continuó la búsqueda de manera independiente. Déjenme citar, como buen ejemplo, el aprendizaje que he observado en tierras mexicanas donde cada vez son más los transmisores del Conocimiento Ancestral del Anahuac que deciden no integrarse a “kalpullis” (agrupaciones de práctica mexica) o toman distancia de tanto “maestro”, “tekutli”, “tlatoani”, “tlacaelel”, “portadores de Pipa Sagrada” y otros adjetivos rimbombantes para las masas, al descubrir que detrás de sus poses hieráticas laten las miserias y falencias de cualquier ser humano. Que de ésos podemos relatar unos cuantos ejemplos.


[1] Por supuesto que no lo hicieron: en América abundaba el oro y la plata y había una carencia absoluta de espejos de colores, con lo cual, al entregarle a los conquistadores un bien que poseían para recibir el que era extraño y particular, realizaron un buen negocio en el contexto del la economía tribal.

GUSTAVO FERNÁNDEZ miembro de ACARMAS

Estimados amigos:

Con placer les informamos que nuestro Director, Gustavo Fernández, ha sido designado Miembro de Número de ACARMAS (Academia Argentina de Masonería, Ciencias Primordiales, Iniciáticas y de la Tradición Hermética), entidad civil, sin fines de lucro, no dependiente de ningún organismo oficial ni institución privada, que se encuentra dedicada al estudio e investigación sobre masonería, ciencias primordiales, iniciáticas y de la tradición hermética. Además de su dilatada trayectoria como investigador, escritor y docente en el campo del Esoterismo y las Tradiciones Herméticas, la designaciòn de nuestro Director ubica en ACARMAS la representatividad que en el campo del Conocimiento Ancestral, Chamanismo y Toltequidad le distingue, remitiéndole como referente en ese ámbito de la Tradiciòn Iniciática.
Son sus objetivos:

a) Contribuir a los estudios iniciáticos y de las Ciencias Primordiales, conservar y acrecentar la información disponible sobre estos temas en la Argentina y aumentar el saber sobre los recorridos de estas temáticas presentes en la Historia de la Argentina;
b) Estimular tales conocimientos, habida cuenta que los mismos constituyen elementos esenciales para la mejor y más auténtica comprensión de la cultura en la Argentina;
c) Velar por el uso correcto y pertinente de los conocimientos que hacen a la existencia de ACARMAS, interviniendo por sí o asesorando a las autoridades nacionales, provinciales, municipales o a los particulares que lo soliciten;
d) Fomentar y estimular la labor intelectual de estudio, análisis e investigación en estas temáticas.

Asimismo, su incorporaciòn a ACARMAS, instituciòn que nuclea a los intelectuales más representativos de la reflexiòn iniciática en el país, significa también dos distinciones paralelas: su designaciòn como Vocal Titular de la Comisiòn Directiva de la misma, y ocupar uno de los Sillones simbólicos que presiden la Academia. En efecto, y fiel a la más pura Tradiciòn Iniciática, en toda reuniòn académica su Sala está ocupada por trece sillones; cada uno de ellos referido a un prominente intelectual, científico, hombre de armas, político, etc., de la historia de nuestro país con trayectoria, si no “pública”, sí “hermética” en el campo del Esoterismo. Gustavo Fernández fue honrado con el Sillón “Florentino Ameghino” (ocupar un Sillón Acádemico sólo caduca por expulsión, renuncia o fallecimiento). Doce prominentes intelectuales ocupan así doce Sillones, estando en toda reunión vacante el decimotercero, en permanente homenaje a la memoria de Cecilia Vilar de Vilar, Gran Maestre de Hijas de Osiris; pionera de la Masonería Iniciática Femenina, de los últimos años del siglo XIX.

Obviamente, como sabemos que este tema despierta interés y participaciòn, seguiremos informando en otros boletines. En esta ocasiòn, sólo deseábamos compartir con ustedes la satisfacciòn de este nuevo reconocimiento a la actividad de nuestro Director. Y, por lo pronto y para las personas interesadas que radiquen en la ciudad de Buenos Aires y alrededores, extender la invitaciòn al acto público que el martes 19 de Junio, a las 18.30 hs se llevará a cabo en la sede institucional, Riobamba 373, piso 3, departamento F, Capital Federal, ocasiòn en que la Prof. Dra Leonor Calvera (Vicepresidente de la Academia) se referirá al tema “Sociedades secretas e iniciáticas de mujeres en la Edad Media”, donde los asistentes podrán participar en el posterior debate.

Saludos cordiales.

El Equipo de AFR

Primer Encuentro Internacional de Culturas Ancestrales; todas las fotos.

Estimados amigos:

   Si ustedes tienen interés en ver la Galería de Fotos completa del Primer Encuentro Internacional de Culturas Ancestrales, que del 18 al 24 de noviembre ppdo se llevó a cabo en México DF yen el que participara nuestro Director, Gustavo Fernández, pueden visitar nuestro archivo de imágenes en Flickr! haciendo click aquí.

Saludos cordiales.

El Equipo de AFR

RESPUESTAS ANCESTRALES A PROBLEMAS CONTEMPORÁNEOS

¿Será utópico proponer la original ética indigenista como estrategia política de la sociedad moderna?


De un tiempo a esta parte –y esto es por demás sabido por mis lectores habituales- vengo dando preferente atención (y tiempo de mis días) a explorar, recuperar y difundir ciertos conocimientos de losa pueblos Originarios. No han sido pocos, también, los que han expresado su curiosidad (y otros, su inquietud) sobre ello,  presuponiendo que este espacio creciente lo era en detrimento de otras actividades más “clásicas” en mí, como la Parapsicología o la Investigaciòn OVNI (aunque sospecho que algunos colegas respirarán aliviados). Es ésta, entonces, la ocasión de generalizar algunas respuestas, así como ofrecer algunos hallazgos. Si en el derrotero del artículo intuyen ustedes algo así como una síntesis, pues están bien encaminados.

Al igual que en otras áreas de la Espiritualidad,  lo paranormal o las Disciplinas Holísticas, hay dos maneras de encarar esto: o ser un simple “diletante” intelectual, o, en el mejor (o peor) de los casos, buscando herramientas para solucionar problemas propios, cotidianos o existenciales, o acercarse a las mismas con la convicción de ser estas temáticas mecanismos válidos para transformar la realidad, cambiar el mundo.  Y alguien podría aquí, jugándola de confrontador, preguntar(me): “¿y quién te dijo que tenés que cambiar al mundo?”. Mi respuesta y sé, la de muchos que me leen, sería: “¿Y quién dijo que no?”.

Cada uno, cada una, tiene absoluta libertad de establecer el orden de prioridades (o exclusiones) de su vida. Cada uno, cada una, también, tiene la obligación de hacerse cargo de ese orden. Y hasta por simple eficiencia egoísta, que nuestro interés entusiasta en lo Alternativo pueda servir para mejorar la calidad individual y social debería ser, quizás, parte de esas prioridades. A partir de allí, uno puede encapsularse toda la vida a observarse el ombligo o salir, quizás utópicamente, a proponer ideas. Aquí van algunas.

Debo al maestro Mariano Leyva Domínguez, a quien no conocí en vida pero cuyos escritos he reflexionado con unción,  encaminarme en estos conceptos, pálido tributo a su obra, mal difundida, que quizás gane aquí algunos puñados de nuevos conocedores. Y mi idea es proponer y debatir la aplicación de estructuras y concepciones de los pueblos del Anahuac a la sociedad contemporánea.

 

El modelo “ometeoico” de la Realidad

Como he explicado en otros escritos, “Ometeotl” (“ome”: dos, “teotl”: esencia cósmica) es “dios en acciòn”, la forma en que Ipalnemouani (“Aquél por quien vivimos” el dios increado e inmanifestado) se expresa en la naturaleza, macrocósmicamente, y macrocósmicamente en cada ser humano, como una dualidad de opuestos complementarios. Esto comienza como una planteo si se quiere filosófico, pero se extrapola como normas de conducta. De allí deviene un “modelo ometeoico” de la Realidad Social, que toma distancia del “modelo jevahístico” propio de las civilizaciones posteriores, especialmente la europea, construida sobre éste y también la perspectiva aristotélica de la Realidad.

Lo más valioso que aporta este modelo político es que, de entrada, nos hace corresponsables de las decisiones a todos los ciudadanos. A diferencia de lo que plantea el modelo aristotélico, aquí no existen diferentes categorías de ciudadanos. Cuando existen diferencias en el bienestar puede señalarse que existen fallas organizativas que deben ser corregidas por la acción de todos nosotros. Ninguno de nosotros es categorizado como enemigo por nadie más; ninguno considera enemigo suyo a ningún otro ciudadano. Al igual que todas las hojas de un árbol son árbol, todos nosotros somos el Estado. El modelo aristotélico no permite plantear soluciones armoniosas: sólo permite plantear equilibrios de clases sociales antagónicas.

El modelo ometeoico del Estado tampoco permite el surgimiento de “salvadores” o “mesías”. Al ser idénticos todos nosotros, como son idénticas entre sí las hojas de un árbol, no puede haber nadie que crea que otro ciudadano puede salvar a todos los demás. Esto sería equivalente a que una única hoja, ejecutando la actividad de fotosíntesis para la cual está capacitada, proporcionara todos los nutrientes que el árbol necesita. En este caso, al desaparecer su razón de ser, el resto de las hojas del árbol moriría. La naturaleza nos hace necesarios a todos: nadie puede decirse más necesario o menos necesario que otra persona.

 

Estructura social y distribución de riquezas

Es tan sencillo y eficiente que uno debe preguntarse porqué fue sistemáticamente obviado por las generaciones posteriores. Un grupo de familias formaba un “kalpulli”. Un grupo de kalpullis, un “Tecuhyotl”. Varios tecuyohtl, un “Tlatohcayotl”, y los necesarios tlatocayotl, la Confederaciòn. Cada kalpulli tenía un Consejo de Ancianos, que enviaba un representante al Consejo del Tecuhyotl, y así sucesivamente.

Luego, cada kalpulli se reservaba el 50 % bruto de sus recursos para uso y disposición individual y enviaba al tecuhyotl el otro 50 %. De lo reunido, este tecuhyotl retenía un 50 % (para obras públicas, reservas para necesidades grupales, inversiones) y giraba al Tlatohcayotl el otro 50 %, que repetía el proceso consigo mismo y con la Confederaciòn. Esto era igualitario para todos los grupos independientemente de su riqueza personal o productiva, y la reinversiòn y autogestión administrativa de la caja pública subvenía a las necesidades proporcionales de los más necesitados. Uno quisiera ver un eco de este sistema en el de coparticipaciòn federal de los ingresos, con la inevitable diferencia que el dinero, en el ejemplo arahuacano, quedaba primero donde debía quedar y el resto se giraba a los estratos superiores y no, como se aplica actualmente en los países “democráticos”, donde depende del Estado centralizado la redistribuciòn de las remesas, mecanismo siempre sujeto a extorsiones partidarias y pactos aliancistas, por no hablar de la corruptela dibujada en los números.

Pero este sistema sería de difícil aplicación si no se hiciera especial hincapié en un concepto fundamental: las respuestas a los problemas deben moverse simultáneamente en ambas direcciones, de arriba hacia abajo y también de abajo hacia arriba. Esperar lo segundo, únicamente, es un capitalismo salvaje e inhumano. Y esperar lo primero, exclusivamente, es ser limosnero del estado. La clave está en el ciudadano.

La persona era considerada como un sujeto de realizaciones colectivas, como un servidor de la comunidad, que podía desarrollar su personalidad con relación y en proporción a los servicios prestados a la colectividad, dentro de los límites consagrados por la tradición. Por consiguiente, sus privilegios no podían ser transferidos por herencia, excepto el de sangre, el de nacimiento. Sus derechos y obligaciones tampoco podían ser iguales ante la ley, sino relativos a su posición social: a mayores privilegios, mayor responsabilidad.

El trabajo personal no puede ser otro que el de regir la diaria conducta de cada uno de nosotros por los cuatro principios esenciales del vivir originario: el respeto a la vida, el respeto a lo ajeno, el respeto a la verdad y el respeto a la debilidad. Si cada uno de nosotros se apega estrictamente a este respeto cuádruple poco a poco irá enseñando a los demás a hacer eso mismo. Adoptar estos cuatro principios exige que cada uno de nosotros se reeduque a sí mismo. La transformaciòn de las estructuras políticas requiere ante todo de la reeducaciòn personal que cada uno de nosotros lleve a cabo consigo mismo.

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