Movimiento Chamánico

Difundir la Sabiduría Ancestral para modelar al Humano del Futuro.

Toltekayotl

LEVANTANDO EL VELO DEL CONOCIMIENTO TOLTECA

Cuando uno (un servidor, por ejemplo) comienza a acercarse “desde adentro” al conocimiento tolteca, inicia un camino pletórico de rumbos divergentes, pero que en el mapa del Universo del conocimiento parecen apuntar, todos, en la misma dirección. Esa dirección es la convicción de que, en una remota era, todo el Saber, expresado como Ciencia o como Religión, formaba parte de un conocimiento compartido por muchas, si no todas, las culturas. Este Antiguo Saber, o Antigua Religión, extendió por el orbe criterios y axiomas compartidos. Cuando menos para mí, es un hecho irrefutable el trasvasamiento cultural entre Mesoamérica y Sudamérica así como el Lejano Oriente en tiempos ya muy remotos. Podemos discutir inútilmente –por ahora– si el Conocimiento llegó de Oriente a Mesoamérica y de allí se derramó a Sudamérica, a la inversa o todas las alternativas imaginables. No es ése el punto, ahora. Simplemente, y para comenzar esta lección, centremos nuestra atención en algunas evidencias físicas visibles, por ejemplo, en el Museo Nacional de Antropología de Historia, a saber:

Imágenes indiscutiblemente con rasgos orientales, presumiblemente chinas, pero de ubicación y datación olmecas

Imágenes indiscutiblemente con rasgos orientales, presumiblemente chinas, pero de ubicación y datación olmecas

Imágenes indiscutiblemente con rasgos orientales, presumiblemente chinas, pero de ubicación y datación olmecas
Imágenes indiscutiblemente con rasgos orientales, presumiblemente chinas, pero de ubicación y datación olmecas

 En los tratados tántricos, leemos que la "kundalini" se enrosca tres veces y media sobre sí misma en el chakra basal. Y son numerosas las representaciones de Quetzalcoátl (recordemos que no es simplemente un "dios", es un conjunto de conceptos asociados: grado iniciático, símbolo de poder espiritual, etc.) representado como una serpiente que se enrosca sobre sí misma tres veces y media
En los tratados tántricos, leemos que la "kundalini" se enrosca tres veces y media sobre sí misma en el chakra basal. Y son numerosas las representaciones de Quetzalcoátl (recordemos que no es simplemente un "dios", es un conjunto de conceptos asociados: grado iniciático, símbolo de poder espiritual, etc.) representado como una serpiente que se enrosca sobre sí misma tres veces y media

Particularmente fascinante es el concepto de "Ollin", el "tiempo como movimiento". De hecho, los "olmecas" se llamaban así por ser "ol" (ollin) --tiempo-- "meca" (mecatl) --medida-- es decir, los "medidores del tiempo", dada su obsesión cultural por las cósmicas cronologías. Y el símbolo que representa al Tiempo es increíblemente similar al oriental del Yin y Yang
Particularmente fascinante es el concepto de "Ollin", el "tiempo como movimiento". De hecho, los "olmecas" se llamaban así por ser "ol" (ollin) --tiempo-- "meca" (mecatl) --medida-- es decir, los "medidores del tiempo", dada su obsesión cultural por las cósmicas cronologías. Y el símbolo que representa al Tiempo es increíblemente similar al oriental del Yin y Yang

La Arqueología oficial tiene la pésima costumbre de señalar como "objeto de culto", a todo artefacto cuyo uso ignora, e "imagen religiosa", a toda efigie cuya naturaleza le es desconocida. Veo aquí, sin duda más propiamente, una verdadera práctica yóguica
La Arqueología oficial tiene la pésima costumbre de señalar como "objeto de culto", a todo artefacto cuyo uso ignora, e "imagen religiosa", a toda efigie cuya naturaleza le es desconocida. Veo aquí, sin duda más propiamente, una verdadera práctica yóguica

En Mesoamérica, el "mecate" o "mecatl", era, además del acto de medir, una cuerda en la que se realizaban nudos que, según su naturaleza, agrupamiento y distribución, servían para efectuar cálculos aritméticos... ¡al igual que los "quipus" sudamericanos de incas y aymaras!:
En Mesoamérica, el "mecate" o "mecatl", era, además del acto de medir, una cuerda en la que se realizaban nudos que, según su naturaleza, agrupamiento y distribución, servían para efectuar cálculos aritméticos... ¡al igual que los "quipus" sudamericanos de incas y aymaras!:

      Si quisiéramos abundar en las semejanzas entre quechuas y aymaras, además de los "quipus", los encontraríamos en las "chinampas", islas artificiales de las que estaba hecha Tenochtitlán --algunas de las cuales sobreviven en el barrio de Xochimilco, en el DF-- en un todo idénticas a las islas artificiales de "totora", el junco predominante en el lago Titicaca sobre el cual todavía hoy habitan los "urus". O en el año religioso de 260 días + 13, que registra la Puerta del Sol en Tiwanaku. Y si queda alguna duda, es el propio Museo --no yo-- quien en este instructivo sobre el pueblo purépecha nos informa que las raíces de su lenguaje son aymaras, con predominio de los fonemas "kus", "kius", "tus"
Si quisiéramos abundar en las semejanzas entre quechuas y aymaras, además de los "quipus", los encontraríamos en las "chinampas", islas artificiales de las que estaba hecha Tenochtitlán --algunas de las cuales sobreviven en el barrio de Xochimilco, en el DF-- en un todo idénticas a las islas artificiales de "totora", el junco predominante en el lago Titicaca sobre el cual todavía hoy habitan los "urus". O en el año religioso de 260 días + 13, que registra la Puerta del Sol en Tiwanaku. Y si queda alguna duda, es el propio Museo --no yo-- quien en este instructivo sobre el pueblo purépecha nos informa que las raíces de su lenguaje son aymaras, con predominio de los fonemas "kus", "kius", "tus"

      Ya expresé mi sorpresa cuando me relataban que en el gran congreso de sabios del 650 DC en Xochicalco asistieron sacerdotes de todo el Gran Anahuac que, para los indígenas, era América toda. Y si me preguntaba cómo habían llegado, esta gigantesca canoa de los purépechas, capaz de efectuar recorridos "portulanos" --con la costa a la vista-- de doce metros de largo y dos de ancho en su punto de mayor grosor, da la respuesta
Ya expresé mi sorpresa cuando me relataban que en el gran congreso de sabios del 650 DC en Xochicalco asistieron sacerdotes de todo el Gran Anahuac que, para los indígenas, era América toda. Y si me preguntaba cómo habían llegado, esta gigantesca canoa de los purépechas, capaz de efectuar recorridos "portulanos" --con la costa a la vista-- de doce metros de largo y dos de ancho en su punto de mayor grosor, da la respuesta

Sentadas las bases de la fuerte presunción de este conocimiento mundial, vemos también cómo se repiten conceptos fundamentales. Ya he escrito sobre el concepto “reencarnacionista” de los nahuas. También, sobre la profundidad de su cosmovisión monoteísta, donde el único dios, Ipalnemouani, se divide en una dualidad creadora Masculina Femenina llamada Ometeótl (otra vez el principio del Yin y Yang) y éste se “derrama” en cuatro niveles asequibles a la conciencia humana llamados Quetzalcoátl, Tezcatlipoca, Huitzilopochtli y Xopic Tepec

No menos impactante me resulta la sabiduría del ixcoatlmecatl, la vincha que ciñe la frente, no como uno, en su ignorancia citadina, pudo suponer para sujetar el cabello o detener la transpiración de la frente sino que, por el acto de ceñirla, nos recordamos que somos Uno con el Universo (en efecto, “mecatl” es la cuerda, como ya sabemos, e “ixcoatl” –“serpiente brumosa”– es la Vía Láctea). La Ixcantonatl (la religión nahuatl) y los “teoamoztli” (libros sagrados) empleados por los “tlanatinimeh” (“transmisores del conocimiento”), enseñan que cada ser humano tiene su “tinilcapozitzin” (“compañero cósmico”), una vibración que los “tonalpöhqui” (astrólogos, literalmente “lector de energía natal”) identifican con el año de nacimiento. Cuatro, a saber: “Kalli” (Casa), “Tochtli” (Conejo), “Akatl” (Caña o “Carrizo”) y “Tekpatl” (Cuchillo). A lo largo del “moyokoyami” (ciclos reencarnativos, literalmente “lo que se crea y recrea”) el Ego espiritual va transitando estos ritmos cósmicos, aprendiendo y creciendo, ampliando vida a vida su “tloque nahuake” (que se podría aproximar a lo que llamamos Potencialidad Parapsicológica, traducible como “lo que está cerca y lejos a la vez”), profundizando en cada etapa la integridad de su “macuilcan” (o Inconsciente Personal) e integrándose más y más –como puede hacerlo en el aquí y ahora ampliando su percepción espiritual mediante la práctica de técnicas de despertar y su conocimiento intelectual)– al “ixcan totonatzin”, lo que parecería arriesgado comparar al concepto junguiano de “Inconsciente Colectivo”, si no fuera porque –esto enseñaron los “tlacaelel” o Sumos Sacerdotes– el sentido de la vida –un interrogante tan angustioso hoy como hace tres mil años– es sólo uno, redescubierto magistralmente por el gran psicólogo suizo: el Proceso de Individuación, que en nahuátl (después de todo, el “hablar armonioso”) suena más poético: “nemontemi” (“se vive para completar lo vivido”).

 

Dejaremos para nuestra próxima lección profundizar en la descripción del “Xihuitl Itlactepan” (o “Tabla de los Años”) donde todos y cada uno pueden rastrear su energía natal y el significado de la misma. Pero como preparación para la misma, es necesario invitarles a meditar, sugiero que varias veces, en una oración “mantralizada” que los nahuas solían recitar. Al igual que ceñir el ixcoatlmecatl, su pronunciación (pero, lo que es más importante, su reflexión) nos conecta con nuestra Esencia (nuestro teotl) y dado que es éste un curso de Esoterismo y no de Exoterismo (simple Conocimiento transmisible) resonaremos –no se me ocurre mejor verbo– con su significado, cuando esa lección llegue, si estamos en el estado de correspondencia adecuado. Los invito entonces a leer en voz alta, a meditar sobre sus conceptos, a memorizar si es posible, esta oración casi autoiniciática:

In icotonca omeyocan

In canin ahmo oncah tlamanti

Yezeh in iteczinco hueli quizelilliz nemohuaz

“Soy la fracción de dualidad espacio – tiempo

Donde no hay cosa, no hay nada,

Pero en su interior cabe cualquier cosa, el Todo”

In icotonca omeyocan

In ipampa mochi miqui

Mochi caqui

Inc oczepac yelohuaz

Inc oczepac nemohuaz

“Soy la fracción de dualidad espacio – tiempo

Por la cual todo muerte,

Todo abandona,

Para otra vez existir,

Para otra vez vivir”

Esto es “Huehuetlatolli“, “la palabra de los viejos”, el Conocimiento Ancestral de sentido perenne que debe ser transmitido.


Otros temas de interés:

“Los centros energéticos humanos en la Sabiduría Tolteca”

“Jung y la Sabiduría Tolteca”

EL MITO DE LOS SACRIFICIOS HUMANOS
Ya he escrito en otras oportunidades sobre los “memes”, ese producto de Ingeniería Social que consiste en construir una versión de un hecho cualquiera, generalmente falso o mentiroso para “distribuirlo” en el entramado social hasta que se consolida como una verdad asumida que nadie discute. Ya me extendí, también, sobre el uso que los Illuminati han hecho de los mismos(1). Y aquí presento otro ejemplo: el mito de los sacrificios humanos entre los antiguos anahuacanos. Hoy, mexicanos. Algo que creo trasciende la utilidad que podría haber tenido en su momento para quienes fueron sus responsables y cuyas implicaciones repercuten aún hoy. 

 

Básicamente, la idea está tan instalada que nadie la discute: mayas, toltecas, aztecas, mexicas, numerosas etnias de lo que en esos tiempos se conocía como Anahuac practicaban regularmente (algunas fuentes insisten: monstruosamente) el sacrificio humano tanto como forma de devoción religiosa como de control político a través del terror. Y hasta se sostiene que las Xochiyaoyotl (“guerras floridas”) fueron instituidas exclusivamente con el objetivo de “recolectar” cautivos para ser sacrificados. 

 

Lo que vengo a sostener aquí, empero, es el producto de lo reflexionado y estudiado en mis viajes a México. Lo que los hermanos indigenistas me pidieron encarecidamente que difundiera (también me pidieron que diera a conocer su monoteísmo ancestral en contra de un supuesto politeísmo, concepto también arraigado, pero de eso ya he escrito), lo que justificó la represión física, psicológica, cultural y emocional de millones de personas a través de cinco siglos.
En el momento de explicar las razones de este intento revisionista, conviene repasar, rápidamente, el argumento en contrario: es decir, en qué se basan quienes afirman livianamente que aquella existió. Dichas fuentes son las siguientes:
  • Crónicas de cronistas militares
  • Crónicas de cronistas eclesiásticos
  • Códices (textos gráficos)
  • Frisos en murales
Crónicas
Desde las incursiones de Hernán Cortés, todas las expediciones militares y administrativas contaban con cronistas que llevaban un registro de los hechos, contabilidad de los ingresos generados, relación de las conductas del personal de tropa y oficiales, etc. El punto es que como sabemos, la historia la escriben los vencedores y es interesante señalar que pese a que los cronistas militares y clericales estaban hermanados en el mismo objetivo, son sólo los primeros los que relatan haber sido testigos de estos hechos y, por cierto, en cuanto se analizan en detalle sus declaraciones las inconsistencias son evidentes. Bernal Díaz del Castillo, soldado y cronista, por ejemplo, dice haber sido testigo de un sacrificio en el Templo Mayor de Tenochtitlán, haber visto como se extraía el corazón aún latiendo de la víctima mientras… ¡se encontraba en Tlacopán, a siete kilómetros de distancia! Por más que en esos tiempos no existiera polución ambiental ni edificaciones, por más que Castillo estuviera de pie en el tope de un teocalli, es imposible distinguir estos detalles a siete mil metros en línea recta… Pueden ustedes chequear mi referencia; figura en su libro “Historia General de las cosas de la Nueva España” y me preocupa seriamente que ningún historiador “convencional” lo haya expurgado. Por cierto, el doctor en Etnología Peter Hassler sostiene que “toda fuente que trate de presentar evidencia de sacrificos humanos es espúrea y aquellos, inexistentes a la luz de la investigación científica”, y la propia antropóloga Eulalia Guzmán (que participó en la exhumación de los restos del último tlatoani, Cuautémoc) afirmó que la historia de los sacrificios“son cuentos de terror para niños, sin pruebas que los avalen”. Razón de más para preguntarnos por qué la persistencia no sólo de su afirmación, sino la poco prolija y responsable revisión de tales evidencias.


Y es esperable que sean los cronistas militares los que afirmen que“los cráneos se apilaban a un lado de la piedra de sacrificio mientras al pie de las pirámides los cuerpos decapitados se acumulaban como heces”, así como “la sangre corría por las escalinatas y las calles como arroyuelos” (lo que además significaría que los autóctonos tenían la sangre bastante diluida, porque, como sabemos, ésta coagula casi inmediatamente al contacto con el aire). Es esperable porque difundir tamaña infamia en el pueblo iletrado y crédulo de la Europa de entonces ocultaba y disimulaba las propias atrocidades que en nombre del Rey y la Cruz se estaban haciendo: el expolio, las masacres, las violaciones, la destrucción cultural. Se necesitaba demonizar al indígena para que todo fuera permitido, para que nadie osara cuestionar los métodos sanguinarios de militares y clérigos sedientos de riquezas. Obsérvese, por otra parte, que los cronistas clericales cuidan sugestivamente de no hacerse responsables de haber visto lo que escriben. Dicen que “dicen que…”. Por ejemplo, Diego de Landa propala, poco antes de la monstruosa destrucción masiva de códices mayas que él mismo ordenó, la especie que se le había relatado que este pueblo arrojaba decenas de hombres vivos a su muerte en los “cenotes” (pozos naturales de agua dulce). Ahora bien. Esos “cenotes” eran, en el Yucatán, la única fuente de agua potable de estos pueblos (avanzadísimos en sus conocimientos médicos y prácticas profilácticas, por otra parte). ¿Imaginan ustedes a los mayas siendo tan estúpidos de envenenar con cadáveres la fuente del agua que debían consumir? Ciertamente, se han encontrado restos óseos en los cenotes, pero es imposible determinar si, por ejemplo, no fueron depositados allí como ofrenda luego de haber sido descarnados, natural o artificialmente. 

 

Algo similar ocurre en Teopanzolco, Cuernavaca. Allí, se afirma, en la Fosa de los Muertos, se encontró los restos de una cuarentena de personas. Se los supone sacrificados. ¿Por qué? Porque en sus vértebras se encuentran huellas de cortes filosos, por lo que se les supone decapitados. Pregunto: ¿no pudieron haber sido decapitados después de muertos, como parte de un particular rito mortuorio? Suponer que porque presentan esas marcas así fue como se acabó con ellos es como suponer que los arqueólogos del futuro, al hallar urnas funerarias con las cenizas de nuestros parientes, sostengan que quemábamos sacrificialmente a nuestros seres queridos…
Códices
Es interesante señalar que la mayor parte de los códices que tenemos hoy en día son del tiempo de la conquista, es decir, escritos y dibujados por indígenas aculturalizados, convertidos a la fe católica. De allí, es dable suponer que deberíamos tomar con pinzas tales ilustraciones. Obsérvese que, incluso, han cambiado su estilo ancestral, adoptando una técnica muy propia del medioevo europeo… pero aun así, las ilustraciones de supuestos sacrificios humanos aparecen aislados y sin entrar en detalles. Alguien podría afirmar que es porque los escribas indígenas cristianizados sentían vergüenza de explayarse sobre las macabras costumbres de sus ancestros. Con el mismo criterio, yo podría decir que es porque lo hacían a desgano, presionados por los clérigos. Y voy por más. ¿Necesariamente porque los dibujos parezcan mostrar sacrificios “deben ser” sacrificios?
Frisos y Murales
Una reflexión similar podemos hacernos con las imágenes en paredes de templos y teocallis. Vuelvo a hacer la pregunta: ¿serán lo que nos hicieron creer que son? 

 

¿De qué estoy hablando?.

Estoy hablando de Símbolos y Alegorías.
Tomen cualquier libro de Alquimia europea de esos tiempos. Abundan en imágenes alegóricas, es más, se habla del “descuartizamiento de la virgen”, del “asesinato y consumición de la mujer tras la boda”… ¿Realmente creemos que los alquimistas medievales sostenían que para alcanzar la Gran Obra debíamos descuartizar una virgen (si conseguíamos alguna) o, tras casarnos, matar y alimentarnos del cuerpo de nuestra mujer? Por supuesto que no. Recordemos que una confusión similar sufrió en tiempos de persecución el propio Cristianismo, cuando entre la plebe romana se hizo correr la versión de que sus devotos devoraban el cuerpo de su Sumo Sacerdote y bebían su sangre en todos sus rituales. Vino y hostias, y la metáfora de la misa, pero claro, el pueblo romano no tenía o no quería saberlo. Realmente, cuando apedreaban y denunciaban a cristianos, lo hacían convencidos de brindar un servicio social: a su entender, eran antropófagos, después de todo.
Así que aquí estamos en una situación similar. Comparen la brutalidad del códice europeizante con un friso original donde además de la riqueza del colorido –que no es lo que nos importa– sobresale la “mesura” de la representación. Suponer que esos cuerpos en el suelo están prestos a ser sacrificados  y devorados es como suponer que las ilustraciones alquímicas que siguen a continuación deben interpretarse literalmente.
Sin duda estos epígrafes de ilustraciones les parecerán a ustedes la mar de absurdo. Y lo son. Tanto como las interpretaciones “oficiales” de una historia que nos muestra a los anahuacanos como devoradores de carne humana y sacrificadores de sus congéneres. Y no hablemos de las imposibilidades técnicas. Como esos relatos donde se afirma que se abrían los pechos con un golpe de cuchillo de obsidiana y se extraía el corazón aún palpitante… Cualquiera que haya tenido oportunidad de ver esvicerar un animal de algún porte sabe cuán difícil es aún con las herramientas modernas abrir el tórax, cortar los huesos que cubren la caja torácica, extraer el corazón sin dañarlo (y menos aún que palpite en la mano, como en las películas de terror clase B). Pero la imagen es impactante y vende bien. Que lo diga Mel Gibson cuando decidió producir “Apoclypto“. Y aquí uno debería preguntarse el porqué de un éxito de taquilla cuando es una falacia de cabo a rabo. Sus protagonistas transitan los finales del siglo XV o comienzos del XVI (como se observa cuando sobre el final son testigos de la llegada de los españoles) pero… hablan en maya, civilización que ya había desaparecido 600 años antes. Proponen un estado despótico que arrasa las tierras y sus habitantes, obsesionados por las edificaciones ciclópeas en medio de una orgía permanente de sangre y terror, cuando se sabe que jamás han aparecido los restos, los cementerios, los entierros colectivos que siquiera abonen tal despropósito. Y uno (yo) se pregunta si este Gibson, católico conservador militante, no está siendo funcional a otros intereses, detrás de este buen negocio. 

 

¿Qué intereses? Nuestros amigos, los Illuminati de siempre. Porque sospecho que desde el bosquejo de la Gran Mentira, allá por el siglo XVI, había otras inteligencias y otras intencionalidades. Esa época no era nuestra época donde, tibiamente, podemos protestar, informarnos, tenemos Internet y hacemos manifestaciones, despotricamos en la TV o escribimos libros con nuestras ideas. En esa época cada uno pasaba sus miserables pocos años de vida mirándose el ombligo, concentrado en la supervivencia o la opulencia, dependiendo de lo que le hubiera tocado en suerte en esta vida. Si el Rey o el Papa exterminaban un millón más o menos de personas que andaban desnudas en algún confín del mundo, a nadie importaba. Semejante operación de prensa, entonces, tenía otro fin: no ese presente, sino este futuro. Los tiempos que vendrían. Sostengo que quienes crearon el mito de los sacrificios humanos no lo hicieron para sus coetáneos, sino para nuestras generaciones.
¿Y por qué? 

 

Porque ellos, y los supongo Illuminati, sabían que en algún momento el indigenismo reclamaría sus fueros. Que la curva de la Historia permitiría a los pueblos originarios reivindicar sus derechos, sus tierras, su cultura, su dignidad. Y que haciéndolo, no comprarían fácilmente ser parte del engranaje que los Poderes en las Sombras han digitado para nosotros y, temo, nuestros descendientes. Observen a los indígenas: mientras que cualquier occidental de blanca piel y cabello claro camina radiante de felicidad con su iPod, sus Nike y sus Ray Ban, ellos nos miran al pasar y sonríen, educada pero irónicamente. Sufrieron demasiado, y transmitieron de abuelo a padre a hijo su sufrimiento como para permitirse morder el anzuelo del consumismo frívolo… 

Así que miremos con otros ojos esos códices y esos murales. Y comprendamos lo que son: enseñanzas alegóricas y simbólicas. Tan alegórico o simbólico, por ejemplo, como la representación de la iniciación masónica donde el iniciado pasa por encima de un “cadáver”… ¿Realmente se arroja a su paso los restos mortales de alguien? Cuando le decimos a un amigo “no pierdas la cabeza”, ¿es que tememos que ésta caiga de sus hombros? Cuando digo “te hablo con el corazón en la mano”, ¿esvicero a alguien próximo para extender mi diestra con el músculo cardíaco en ella?

Pero todo este lenguaje metafórico, alegórico y simbólico, incorporado al uso y costumbre cotidiano desde hace siglos, no parece que lo viéramos entre los indígenas. Claro: son pequeños, de piel oscura y andan desnudos…

 

Notas:
* Ver “La Intoxicaciòn en las Paraciencias: Memética e Illuminati” en AFR Nº 155.


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7 comentarios sobre “Toltekayotl

  1. Claro, el interés al momento de las expediciones era, para la corona española, nuevas rutas de comercio, expansión territorial, cobro tributario, etc., todo redundando en el enriquecimiento; para el clero: cristianizar a los pueblos conquistados para que paguen tributo en forma de diezmo, el mismo fin de enriquecerce y los expedicionistas buscaban formas de hacer negocios que los enriquecieran, ya sea con las especies o condimentos alimenticios tan cotizados en su tiempo, comerciando ganado, frutos, legumbres y aves, todo nuevo, todo desconocido y exótico, y sobre todo los metales preciosos, además de poseer las tierras ricas en cultivo o minería. Pero la corona tenía reglas y no se podía despojar tan fácilmente a los nativos sin remunerarles por sus poseciones o derechos, tanto trabajo, esfuerzo, cansancio, venir de tan lejos a pasar hambres, enfermedades, guerras, para terminar negociando con los nativos y no obtener la riqueza esperada y además ganar tan poco en las negociaciones y luego pagar el impuesto a la corona, ni siquiera la hostilidad de los nativos podía hacer que se rompieran las reglas de la corona. No estaban dispuesto a ello, ni la misma corona lo estaba. Pero había un par de trucos en las reglas de la reyna, si los nativos tenían prácticas que atentaran contra ellos mismos, el ejército español no solo podía, sino que, debía liberar al pueblo “indígena” de sus malos gobernantes y por eso fue que los cronistas siempre encontaran canibalismo, sacrificios humanos por millares, herejía, paganismo, mutilaciones y todo tipo de deshonra a la corona y a dios. Después de recibir los reportes de tales inconvenientes, la corona daba permiso y la iglesia bendición para cometer sus tropelías, lo que los expedicionistas llevaban a cabo hasta el exterminio de pueblos y culturas, y los ministros de la iglesia para conversión al catolicismo con pena de muerte a quien no besara la cruz y sin opción de besarla para sacerdotes y caciques nativos, para ellos la pena de muerte era directa. Así no había límites en el saqueo y destrucción de templos, así se construyeron basílicas sobre templos, usando las rocas de los mismos templos y a los propios nativos para que destruyeran sus sitios sagrados y contruyeran las nuevas iglesias. La corona española y la iglesia católica vieron la conveniencia de declarar sactificios humanos y canibalismo para su enriquecimiento en el nombre del rey y de dios.

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