El autor recibiendo su Diploma de manos de Swami Sankara Chaitanya, MD, Director Técnico de la Universidad de Amritapuri. A la izquierda, el doctor Ram Manohar, Director Académico

He escrito en numerosas oportunidades como la medicina del Temazcal (seguramente no con ese nombre y inevitablemente con diferencias tanto prácticas como conceptuales) es omnipresente en culturas y épocas de toda la historia de la Humanidad. No sólo en América precolombina, donde hemos rastreado su presencia tan al sur como nuestra actual República Argentina, sino en el mundo árabe, como explico en este artículo: https://movimientochamanico.wordpress.com/2012/06/15/el-temazcal-entre-los-arabes/

En este caso en particular, me referiré a su presencia (es decir, la sudoripaciòn como técnica terapéutica en espacios controlados) en la India antigua, tan antigua como que podemos seguir su rastro hasta unos cinco mil años atrás. Efectivamente, dentro de la escuela de medicina originaria de es anaciònh conocida como “Ayurveda” (sobre cuya historia y naturaleza he escrito aquí: https://movimientochamanico.wordpress.com/2017/09/19/ayurveda-la-ciencia-de-vivir-en-armonia-mental-fisica-y-espiritual/

Dentro de su complejidad de recursos, no es uno menor la técnica conocida como Swedana, “que significa, precisamente, “sudoripaciòn” en sánscrito. Existen distintas formas de aplicar el Swedana, dependiendo del efecto que se desea obtener y, más precisamente, del aspecto “dóshico” (es decir, el balance entre las naturalezas Kapha, Pitta y Vata del individuo). Y entre esas formas distintas,  sostiene –esto, para reivindicar también su relaciòn con el Temazcal y que no quede reducido a una simple “cabaña de sudar”- pesa el aspecto espiritual, es decir, la práctica espiritual que debe acompañar a la sudoripación.

Permítaseme detenerme en esto un momento. Ya he explicado en numerosísimos trabajos que el efecto terapéutico (en lo físico, mental y espiritual) del Temazcal no depende sólo del valor, o de la infusión de hierbas medicinales que se arroje a las “abuelitas” (piedras calentadas al fuego) sino también  y muy especialmente, del “trabajo espiritual”. Es decir, qué cantos, qué meditaciones,. Qué operaciones en los planos sutiules de la Naturaleza, específicamente el astral, se realiza dentro de él. Dejen de lado todo esto y el Temazcal queda apenas reducido a la categoría de un baño sauna primitivo.

Eso lo he observado en el mundo árabe, donde a los baños descriptos en el artículo citado le correspondía la oraciòn, o la recitación de suras del Corán mientras se realizaban las abluciones. Y aquí, en la India, la propia medicina ayurvédica es indistinguible de la Espiritualidad, toda vez que no hay Ayurveda si al tratamiento fisiológico (por medicamentos, dietas, terapias, etc.) no se le acvompaña una práctica devocional o, cuando menos, de recitado de mamtrams conforme a cada caso específico. Ya lo he escrito en otra ocasiòn: una de las comprobaciones más asombrosas de esta Filosofía y Ciencia de Vida es haber demostrado que, por ejemplo, la pronunciación de mamtrams crea nuevas vías neuronales (por eso, su eficacia contra el Alzheimer). Esos mantrams, esas prácticas devocionales –realizaciòn de “pujás”, ceremonias, a la par del “swedana”- es ejemplo de lo que estoy diciendo.

Así, entonces, veamos los diferentes tipos de Swedana, ilustrándolo a través de las fotografías que, durante mi formación académica en la especialidad en la Universidad de amritapuri, en Kerala, obtuve durante las clases en el Museo de Panchakarma (llámase “panchakarma” a un período de prácticas de profundas desintoxicaciones con las que se gestionan ciertas patologías):

El Jentaka Sweda es quizás el tipo más formalmente cercano al Temazcal tal como lo conocemos. Consta de una cabaña dentro de la cual se enciende fuego dentro de un círculo de piedras de gran tamaño, sobre las cuales se arrojará agua. De todos modos, el techo presenta un orificio por donde saldrá el humo y buena parte del vapor, con lo cual no es particularmente agresivo (especialmente suave para quienes estén acostumbrados a Temazcales Guerreros). La puerta de acceso y las ventanas no se cierran y frente a la choza, una alberca de agua –nunca fría, imposible que lo sea en el sur de la India, donde por otra parte es oriundo el Ayurveda- aguarda al paciente para sumergirse plácidamente en ella.

El Koopa Sweda, por su parte, es más sencillo de instrumentar, más agresivo y localizado. El paciente se acuesta sobre una tabla, es cubierto con mantas pero bajo él se encenderá fuego cuya intensidad se regulará no con leños sino con rocas que se van colocando sobre el mismo. Esa fase obtiene en el paso siguiente, llamado Karshu Sweda, donde se regula la abertura y por lo tanto, la direcciòn e intensidad del calor.

El Holaka Sweda es sólo una cama sobre piedras calientes (sin fuego); se extiende más en el tiempo y se maneja a discreción la cantidad de rocas que se van colocando bajo el paciente.

A diferencia de Jentaka, en el Kuti Sweda no habrá ventanas en la cabaña y la puerta se cerrará herméticamente al comenzar. Después de un buen rato, se apagará el fuego, se aguardará que el humo termine de elevarse y salir y con una pértiga se cerrará la abertura superior, permaneciéndose con el círculo de grandes piedras aún calientes sobre el cual se sigue arrojando agua. Éste es, sin duda, el tipo de Swedana más similar al Temazcal tal como lo conocemos y practicamos.

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