El autor en la universidad de Amritapuri

“Ayurveda” resulta de la contracción de dos palabras en idioma sánscrito: “Ayur”, Vida, y “Veda”, Conocimiento.- Es, entonces, la Ciencia de la Vida, fundamentada principalmente en un libro, escrito por el monje budista Vagbhata en el siglo VII DC, llamado “Ashtanga Hridaya”. Previamente a éste, ya existían otros dos textos, el  Charaka Samhita (s. I a.C.) y el Sushruta Samhita (600 a.C.), este último escrito, precisamente por Sushruta, considerado el “Galeno” o “Hipócrates” de la India. Se trata de libros realmente impresionantes: tengo una versiòn bilingüe inglés – sánscrito del Ashtanga, en formato de 20 por 24 centímetros que tiene 800 páginas…. Y sólo ocupa cuatro de los treinta capítulos del original.

Así que allí estuve, un mes y medio en la India, formándome en Ayurveda (que no solamente en “medicina ayurvédica”, como aclararé inmediatamente) en la Amritapuri School of Ayurveda, sita en el estado de Kerala, al sur de la India, bajo la direcciòn pedagógica del doctor Ram Manohar y su equipo. Un camino ya recorrido, autodidacta en buena parte, necesitaba una profundizaciòn con seriedad: y qué mejor que ir a estudiarlo a las fuentes mismas, allí, precisamente en Kerala, donde el sabio Sushruta sentó las bases de este Conocimiento hace dos mil seiscientos años.

Existen algunas confusiones sobre la práctica Ayurvédica. Por ejemplo, le comentas a la gente que haces Ayurveda y piensa en masajes con aceites o Aromoterapia. Y ciertamente, ésas son herramientas del Ayurveda pero sólo eso: un par de herramientas. Y, d ehecho, el segundo concepto erróneo es cuando se piensa en “Medicina Ayurvédica”. Error conceptual que, d ehecho, cometen muchos quienes se dedican, con ahínco y seriedad, a la disciplina en nuestro país. Porque la “medicina ayurvédica” es sólo una parte del Ayuirveda. Parte importante, sin duda; pero sólo eso.

El Ayurveda es entender la salud como armonía, es decir, equilibrio entre las partes, física, espiritual y mental. Por eso la verdadera medicina ayurvédica no puede estar desprovista de su parte espiritual, y un médico ayurvédico,

Mi propio altar a Danvantarin

pongamos por caso, no atenderá un paciente sin antes dirigir un “mantram” (oraciòn sagrada que cambia las frecuencias cerebrales) a Danvantarin, el “médico de los dioses”, así como en su gabinete deberá tener un altarcillo a esta deidad. Su bagaje de “recetas” incluirá, obviamente, preparados, tabletas, líquidos, pero también oraciones, meditaciones que el paciente deberá aplicar, momentos astrológicos para hacerlo y observación y consejo psicológico. El practicante de Ayurveda es médico, psicólogo, astrólogo y sacerdote, todo ello en el amplio concepto del Hombre – Medicina o la Mujer – Medicina.

Me dedico a la misma porque es, claro, una Sabiduría Ancestral, y en mi amplio espectro de intereses intelectuales las mismas no quedan constreñidas a los pueblos originarios americanos. El Ayurveda, antes que ciencia médica, es Filosofía, y desde ese ángulo –y sus implicancias espirituales- es que captó mi atención. No obstante, las técnicas de profilaxis y abordaje clínico que propone las he visto tan revolucionarias que vengo practicándola cotidianamente hace tiempo ya.

Básicamente, entiende que los seres humanos tienen tres “naturalezas”, “constituciones” o –para emplear el término preciso- “doshas” (lo que conforma la llamada “Prakriti” del ser humano): Vata (delgada, liviana,  Mente activa, creativa y sin descanso, venas y tendones prominentes, tendencia a tener piel y cabello seco, poca tolerancia al frío, patrones variables de dieta y sueño, tendencia a la ansiedad, la constipación y el insomnio.), Pitta (Estructura física mediana, intelecto agudo y discriminativo, fuerte apetito, pecas y lunares diseminados, tendencia a la calvicie o las canas prematuras, transpiración fácil y extremidades tibias, tendencia a la irritabilidad, la gastritis y los problemas en la piel) y Kapha (pronúnciese “Kafa”) (Estructura física pesada., tendencia al sobrepeso, digestión lenta, cabello graso, grueso y ondulado, sueño prolongado y profundo, metódica en su accionar, lenta para enojarse, modos delicados y tranquilos). Pero nadie es de un dosha “puro”, de modo que todos somos “bidóshicos”: Vata- Pitta, Vata – Kapha, Pitta – Vata, Pitta – Kapha, Kapha – Vata, Kapha – Pitta o, literalmente, “tridóshicos”. Pero mucho más importante, tanto a la hora del diagnóstico como del abordaje, es evaluar los “gunas de la mente” (tres condiciones o “estados” de la misma: Tamas, Rajas y Sattva, así como el estado del “Agni”, el “fuego” interno (de donde el “fuego

Aplicando un tratamiento ayurvédico

digestivo” es solamente una de sus manifestaciones). Así, por distintos caminos (observación de la lengua y el iris, palpaciòn sobre el cuerpo, temperatura y gratitud corporal, pulso, entrevista personalizada sobre sus hábitos y síntomas, observación de las heces, etc.) se determina la “Vikriti” o “desarmonía” (una traducción más ajustada que “enfermedad”). Entonces, el médico aborda con estrategias variadas: la Dinachiara, o hábitos regulares de vida, el Panchakarma, o retiro intensivo de desintoxicaciòn, Shodana o Sadana, procesos de limpieza profiláctica accesibles y cotidianos. Y entre los diversos abordajes, eá el Shirodara, o vertimiento de aceites esenciales sobre ciertos “marmas” o puntos energéticos del cuerpo, el “Nasya” o lavaje nasal, el “Arjana” o aplicación de colirios, el “Vámana” o provocación del vómito, el “Vasti” o enema, el “Swedana” o sudoripaciòn controlada, el Avyanga o masajes propiamente dichos, etc. Todo ello apuntando a eliminar el “Ama”, que suele ser traducido como “toxina”, término exacto en cuanto a lo fisiológico pero que también aplica al ámbito de la mente y el espíritu.

Pero, como ya se destacó, no todo gira alrededor de la práctica médica, entendida como tal. Si bien durante mi formación, tanto en forma teórica en aula como práctica en laboratorios aprendí a preparar aceites esenciales, “kashaya” (pastas de vegetales), “churnas” (polvos), “phanta” (infusiones) –campos que obviamente no podré agotar, ni siquiera descriptivamente, en apenas un artículo- también hubo un tiempo importante a su faz espiritual: comprender la importancia del estado meditativo mientras se prepara o administra la terapéutica. Recordar insistir al paciente que su salud física es deudora de su saluda mental y ésta, de la espiritual, veinticuatro horas al día, siete días de la semana. Por eso, entre las innumerables recomendaciones, podemos rescatar los pensamientos que deben ejercerse diariamente, de manera consciente, para que la salud, entendida como un todo holístico, busque una condiciòn de equilibrio. Por ejemplo, está demostrado que la pronunciación repetida de “mantrams” estimula la creación de nuevas vías neuronales, lo que se traduce no sólo en un estímulo de la inteligencia sino especialmente, después de los cincuenta años de edad, un eficaz preventivo contra el Alzheimer.

Así podemos decir que:

  • Es importante que comamos alimentos que aún conserven su “präna”, es decir, su fuerza vital. A las tres horas de cosechado –si es vegetal- o muerto –si es animal, porque el Ayurveda no exige ser vegetariano- el nivel de präna ya desciende un 50 %. En 24 horas, otro 50 % y en tres días, ya queda sin él. Cualquier alimento, por ejemplo los envasados, conservará nutrientes orgánicos, pero ya nada de präna.
  • Incremento de frutas y cereales y descenso de leche y derivados hacen a la mente más “sáttvica”, esto es, objetiva, aguda y alegre.
  • Todo en la Naturaleza cura, todo en la Naturaleza enferma.  Ser consciente de lo que comemos, porqué y cuándo lo comemos. Cada bocado debe masticarse mìnimamente veinticuatro veces.
  • Diez minutos de meditaciòn al despertar antes de comenzar las actividades.
  • Comer sólo cuando se tenga hambre. Y prestar atención que, si obedecemos esta consigna, sólo necesitaremos dos comidas al día.
  • Ajustar el ritmo biológico al estacional, no al reloj.
  • No suprimir emociones.
  • Si según alimente mi cuerpo todos los días así será mi salud, preguntarme con qué estoy alimentando mi mente, y mi espíritu, todos los días.
  • La vida se debe promediar al llegar a los 70 años, y la ancianidad comienza después de los 90. Si no se vive así, es por cómo tratamos nuestro cuerpo y nuestra psiquis.
  • Todos los días agradecer la Divina Presencia en nosotros.
  • Lo semejante incrementa lo semejante.
  • La enfermedad aparece cuando un órgano o funciòn se usa muy poco, en exceso o se le da un uso inapropiado.
  • La mejor farmacia es la verdulería más próxima. Allí hallaremos frutas y vegetales de estaciòn, y ésos son los que, en ese momento, necesita nuestro organismo.
  • Alinear el propio Agni con el Sol (con una serie específica de prácticas)
  • Evitar sobrestímulo de “pantallas” (ordenador, celular, tv) después de la caída del Sol.
  • Cuando se piensa en un problema, realizar sostenidos movimientos de ojos en distintas direcciones. Eso desconecta la afectividad del problema.
  • Dormir con la cabeza al Este o al Norte.
  • Trata tu mente con tu propia mente, tu cuerpo con tu cuerpo, tu espíritu con tu espíritu.
  • El corazón se contrae al dormir. No respetar un “buen dormir” aumenta las posibilidades de ataques cardíacos y ACV.
  • Constantemente mantenerse enfocado en lo que es importante distinguiéndolo de lo que no lo es.
  • Los deseos disipan energía.
  • Con cierta periodicidad, tomar baños de Luna.
  • Ayunar un día a la semana.
  • No privarse de gustos de vez en cuando

Esta apretada síntesis no agota, por supuesto, todas las estrategias y tácticas ayurvédicas para una mejor calidad de vida. Sé que alguien puede decir que es “mucho trabajo” respetarla. A ello, sólo diré, en primer lugar, que como en tantas cosas la práctica cotidiana naturaliza, y los primeros días aquellos pasos que olvidemos seguramente los haremos en los siguientes. Y lo segundo es: entonces, ¿cuánto te importa cuánto y cómo vivirás?.

 

 

 

 

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