Casi, casi como un guiño irónico de mi destino personal, a pocos días de emprender un nuevo viaje a España en plan de continuar difundiendo el Conocimiento Ancestral en general y al frente de la primera Formaciòn de Guías de Temazcales en ese país en particular, hace apenas –como quien dice- “unos minutos”, el jueves  7 de abril, el Presidente de la Corporaciòn de Radio y Televisiòn Española (RTVE), nada menos, don Antonio Sánchez, pronunciò en una conferencia donde literalmente comparó a los aztecas con los nazis, reinvindicó en todos sus términos, sin un solo acto de contricciòn y sin que le temblara la voz la barbarie de la conquista como toda conquista- europea en América y literalmente quiso entronizar a esos Barones de la Guerra que fueron Hernán Cortés, Francisco Pizarro y otros como héroes de la “culturalizaciòn” y evangelizaciòn. Según su mirtada, la conquista de América sólo parece haber significado escuelas, hospitales e iglesias. Y elk giro casi cruelmente sarcástico de la situación es que dicta esta conferencia en… la “Casa de América” en Madrid.

Doy fe que cuando el hermano de camino David Conde Carranza me alertó sobre estas palabras facilitándome el enlace correspondiente en Youtube (https://www.youtube.com/watch?v=mgJg4waUhKU&feature=share ) mi primera reacciòn fue en realidad casi de desprecio. “Otro ignorante más”, me dije, hasta detenerme a reflexionar que, ignorante o no, quien detenta semejante cargo de responsabilidad mediática no puede permitirse este u otro tipo de afirmaciones sin, cuando menos, un asesoramiento previo. O una cuidada reflexiòn de las palabras. Salvo que de esas reflexiones surja, precisamente, la meridiana intenciòn de decirlo así y no de otra manera..

No pude, no puedo, permitirme caer en la violencia literaria y literal. Ni entrar en el debate estéril de “lo bueno” que toda conquista deja –siempre algo, siempre muy menor a los males que deja- Cualquier imposición por la fuerza nace mal parida. Y referir que “hay que contextualizar”, que “así es como se hacían las cosas” en esos tiempos no deja de ser una forma de justificación. Si precisamente “así es como se hacían las cosas”, entonces tenemos que ver en ese contexto cómo se hacían las cosas de ambas partes.

Y aquí está el quid de la cuestiòn.

Si se piensa en detalle, la justificación de los bemoles de la Conquista es más “políticamente correcta” en tanto y en cuanto se admita la “historia oficial” de un pueblo guerrero, sanguinario, en constante búsqueda de víctimas para sus masivos sacrificios. Para el ideario colectivo, lo malo hecho a los malos es menos malo. Y aunque se “contextualice”, diciéndose, por ejemplo, que esos sacrificios era “parte de la cosmovisión de ese pueblo en ese momento histórico”, desde lo profundamente inconsciente y emocional, otra vez, lo hecho a ellos parece “menos malo”. No será así, ciertamente, a quienes se detengan a reflexionar con objetividad en estas circunstancias. Pero el director de una corporaciòn televisiva no habla, precisamente, a ese grupo que se detiene a reflexionar con objetividad, sino a una gran masa consumista que responde a estímulos emocionales. Pregúntenle a Mel Gibson y su penosa “Apocalypto”, a los millones de dólares recaudados y a la cero crítica masiva que quienes pagaron esas entradas al cine han expresado.

Porque, ¿cuál sería la reacción de las masas si se institucionalizara la convicción que tales sacrficios humanos realmente no han existido o –cuando menos- fueron tardíos y esporádicos?. ¿Puede negarse que entonces, la reacciòn ante los dichos de este empresario de medios sería poco menos que de repudio general?. Está tan instalada en la sociedad lo que se cree una “certeza histórica” que los debates (y los sentimientos) continúan a partir de allí, sin cuestionarlo.

Y, sin embargo, parece que la realidad es otra. Tales sacrificios serían parte de la gran mentira que nos han contado durante cinco siglos, como he explicado aquí.

Una mentira tan instalada como la de la propia existencia de tales “aztecas”. Es patético –no se me ocurre decirlo de otra manera- que hasta muchos mexicanos hablan de sus ancestros como tales. Juegan al fútbol en el “Estado Azteca”, miran televisión en la “TV Azteca” y más, dando por hecho y casi con orgullo, que ese gentilicio les corresponde. Difícil es que se pregunten de dónde nace el término.

Y aquí llegamos a lo que, casi con timidez, diversos cultores del Conocimiento Ancestral están recuperando. Y que es el hecho que tal término (que en puridad significaría algo así como “indio sucio”) aparece recién allá por 1780, y mencionado por escrito tan tardíamente como 1801. ¿Y antes?. Pues que estos pueblos se llaman por sus propios patronímicos: nahuas, mexicas, tenochcas (por eso su gran ciudad era “Tenochtitlán”, tierra de tenochcas. De haber sido la “capital azteca” se habría llamado “Aztecatitlán”). Y si el término deviniera de la antigüedad histórica, pues “Olmecas”, ya que allí están sus raíces más remotas.

¿Y qué hay de aquellos dichos que se llamaban “aztecas” por proceder de una tierra mítica llamada “Aztlán”?. Otro mito. En ese caso –que no remite a fuentes históricamente comprobables- se habrían llamado “aztlanecas”  o “aztlaltecas”.. Parece un tema menor (qué les hace unas letras de más o menos en el nombre) pero siendo el “nahuatl” (la “lingüa franca” hablada en todo el Anahuac prehispánico) un “idioma de aglutinación” (donde los términos pueden ser descompuestos en palabras o prefijos con significado propio) el cuidado de la observación etimológica es fundamental. Y si “azteca” fuera, aún así, la degeneraciòn de un término preexistente, remitiría a un paraje que, siendo “Aztlán” “lugar de garzas”, sería sólo el nombre de un grupo étnico específico y no de toda una civilización. Conclusión: de una u otra forma, la “civilización azteca” nunca existió.

 De modo que la construcciòn de Antonio Sánchez es falsa por donde se la mire. (Él mismo cita a una historiadora, en su discurso, diciendo que dijo lo que, en una búsqueda prolija, resulta que nunca dijo). ¿a qué conclusión me lleva todo esto?. A que los dichos del Presidente de RTVE no son “casuales”, no es un “lapsus”, no es una “frivolidad”: es parte de una concepción programática de condicionamiento cultural sostenida, con los medios del momento, a través de los siglos. Y esto me resulta muy interesante, porque uno –yo- puede suponer que decirlo hace quinientos, cuatrocientos, trescientos años tenía como objetivo geopolítico el control sociopsicológico de masas subsumidas a un Imperio pero hoy, en que ese imperio ya no existe, que se sostenga –a través no solamente de discursos, sino de libros de textos, “convenciones periodísticas”, etc- significa que por razones que debemos considerar aún hoy sigue siendo necesario mantener a las masas en la ignorancia de la verdadera historia. Y ya no de una historia reciente, donde sus protagonistas –o intereses- aún estén frescos, sino de una historia casi sesquicentenaria. ¿Cuál puede ser la utilidad, hoy, en el siglo XXI, de persistir en que la sociedad piense respecto a la América precolombina como en el siglo XVI?.

Voy a correr el riesgo de resultar extremadamente simplista y reduccionista, y sin duda la explicación es mucho más compleja, más allá de mis luces intelectuales. Pero no puedo dejar de sentir, quizás más que razonar, que si se instalara en el ideario colectivo la “otra versiòn de la historia”, la de una América con una cosmovisión más genuinamente espiritual –que no “ecleciástica”- respecto de la europea, el renacimiento del lícito orgullo por la raza, la cultura, el empoderamiento de la propia historia cambiaría la “cosmopercepciòn” de las inmediatas generaciones. Pensemos en esto: en nuestra cultura “judeocristiana”, a los niños los formamos, en la preparación histórica, hablándoles de Roma, Grecia, quizás Egipto como referentes de la “cultura y la civilización”. Poderosas y mucho más arcaicas culturas, como la china, la india y la tolteca, apenas merecen algún párrafo rápidamente olvidado. Argumento: precisamente como nuestra civilización se construyó sobre raíces griegas y romanas –y, en todo caso, judeopalestinas-, eso es lo que se enseña. Pero, ¿qué ocurriría si en las nuevas generaciones inculcásemos la cuoridad penetrante en aprender sobre esas “otras” culturas, no sólo desde lo meramente, si se quiere, arqueológico, sino haciendo verdadera “arqueología del espíritu”?. ¿Qué pasaría si en consonancia con esas nuevas miradas, esas generaciones se preguntarán, exploraran esas “otras espiritualidades”, esas “otras sociedades” de las que devendrían ideas de organizaciòn política alternativas a la dicotomía “autoritarismo – democracia” que signa el pensamiento de nuestra civilización?.

Mi agradecimiento a David Conde Carranza, de España,  por facilitarme la info sobre RTVE, y al hermano, amigo y maestro Gerardo Alcántara, de México,  por compartir ideas y asesorarme en aspectos históricos.

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