carakolaSe ha difundido (no necesariamente para bien) el término “chamán” aplicable a cualesquiera que trabaje, enseñe, adhiera a las Sabidurías Ancestrales de los Pueblos Originarios. Como hemos explicado en nuestro blog la única razón por la que seguimos emplerando el término “Chamanismo” es porque, al citarlo, el público lego tiene más o menos una idea de qué viene la cosa. Pero el término “chamán” es impropio, especialmente en el contexto de las Sabidurías americanas, primero porque la palabra es oriunda de Siberia, y luego porque, en sentido estricto, define al Hombre y Mujer Medicina. Es decir, el (o la) Sanador o Sanadora. Además, lamentablemente la palabrita ha dado cabida a un buen número de vendedores de ilusiones disfrazados de indígenas. Años atrás, la moda de algunos estafadores era llamarse “parapsicólogos” o “mentalistas”, con títulos “truchos”, claro. Cuando nos pusimos más firmes y celosos en el cuidado de nuestras actividades, pasaron a llamarse “chamanes”, total, vayan ustedes a discutirles la credibilidad de unas difusas enseñanzas obtenidas en alguna perdida quebrada montañosa de algùn anciano o anciana de dudosa filiaciòn. Inevitablemente, así los verdaderos y honestos chamanes -que los hay, y muchos- quedaron “salpicados” por las espúreas actividades de estos individuos, como antes ocurria con parapsicólogos, tarotistas y mentalistas.
Un tanto ajeno a ello, en nuestras tareas la Sanaciòn es muchas veces la consecuencia de la actividad, no el fin en sí mismo, por lo que “chamán”, en sentido estricto, tampoco cabe. Soy, creo ser, entonces, un Tlatanimine, que significa “Dador de Conocimiento”. Un simple docente de la Ancestralidad.
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