Este será un artículo breve, porque más que un artículo es fijar una posiciòn. O, si se quiere, refrendar una posiciòn ya tomada. Y porque lo bueno, si breve, dos veces bueno. Y por si fuera necesario aclararlo, es la opiniòn de quien esto firma, es decir yo, Gustavo Fernández, sin que signifique el pensar de “Movimiento Chamnánico” o nuestra Agrupaciòn Difusora de Sabiduría Ancestral “Casa del Cóndor”.

En una reflexiòn anterior (que puede leerse, para quienes la desconozcan, haciendo click aquí ) expliqué las razones por las que decidía tomar distancia de los organizadores de ciertos eventos internacionales en torno a las Culturas Originarias. No me repetiré aquí. Valga mencionar que, empero, durante este año y a pesar de esos comentarios, he recibido insistentes invitaciones de los organizadores del que debería haber sido el congreso 2013 de la temática, organizadores en parte originales, en parte los viejos rostros de siempre. La propuesta era tentadora: viáticos pagos para un evento que reuniría a centenares de referentes de todo el mundo vinculados a las etnias ancestrales, el Chamanismo y un largo etcétera. Públicamente rechacé estas invitaciones (por una obvia cuestiòn de coherencia) y expliqué a algunos de sus referentes los motivos que me llevaban a esa decisiòn. Amablemente se me dijo que las cosas habían cambiado, que lo importante era (ya conocemos de memoria el “speech” tradicional ) unir a las almas con “buenas energías”, en estos tiempos de “saltos cuánticos”, para “homenajear a la Madre Tierra” y todas esas ideas que tan agradables suenan. Y como soy un cabeza dura, seguí agradeciendo y absteniéndome, deseando el mejor de los éxitos a quienes emprendieron esa tarea.

“Sotto voce” (porque parece que, salvo un servidor, nadie se atreve a ponerlo en letras de molde) muchas personas habitualmente bien informadas nos felicitaron; se deslizaban nombres de ex organizadores de estos eventos, ayer referentes de la “nueva humanidad”, hoy, en boca de los mismos ex admiradores, reducidos a la pedreste categoría de operadores a comisiòn de los que drenan -aquí y allá- el erario público. Políticos, bah. Se nos habló de cuantiosas cifras en dólares que habrían ido a los bolsillos de tres o cuatro “hermanitos de Camino” y de multitud de negocios paralelos para los “cuadros inferiores”, desde la impresiòn con el dinero de pueblo de libros indigeribles pero en cuidadas ediciones que ya querría para sí algún literato de prosapia, como la venta de lotes de terreno en “suelo consgrado” por ceremonias ancestrales.

Siempre sostuve que las acusaciones deben hacerse con pruebas y ante los estrados de la Justicia, que para eso está. De modo que de estos dichos tomé apenas nota mental a la espera de alguna hipotética evidencia circunstancial.

Hoy, llega un mail informando que el evento de este año se había suspendido.

¿Porque asi lo habia decidido algún “Consejo de Ancianos” esperando mejores momentos?. No. ¿Porque las fechas no eran astrológicamente convenientes?. Tampoco. ¿Porque se esperan eventos sociales que impliquen a los Pueblos Originarios y se desea ser más funcional a los mismos?. Menos.

Se suspende porque -así se aclara en el mail- “no bajaron los fondos esperados del gobierno”.

Penoso.

Penoso por varias razones:

– Porque si uno está imbuido de la mística que pregona para llevar adelante un esfuerzo de organizaciòn semejante no puede permitirse el lujo de ser rehén de la limosna estatal.

– Porque si se cree con convicciòn en aquello en lo que uno se ha embarcado, se aprende que el Saber más importante legado por los Ancestros es el valor de la Palabra. ¿No lo dicen permanentemente todos los maestros de sabidurías ancestrales?. ¿Que la Palabra dada es más importante que la propia vida?.  Es que entonces, algunos se vuelven a quedar en, ya saben, el “speech” metafísico para ingenuos. En los hechos, el bolsillo vale más que la Palabra.

– Porque si te prometen recursos y no te cumplen, en vez de cien conferencistas reuní diez. En vez de traer veinte referentes internacionales traé dos. En vez de mil asistentes reuní doscientos. Pero si hay que hacerlo, hay que hacerlo. Y si algún chusco va a sugerir que escribo así porque no estoy en ese lugar, quienes siguen nuestras actividades saben que sí, que hemos estado hace muy poco en ese lugar, el de organizar un encuentro internacional de nuestros propios bolsillos. Pero porque teníamos el compromiso con el ideal, se hizo todo lo necesario. Y se hizo.

– De modo que si se elige, a pesar de la Palabra y el discurso trascendental, no hacerlo, no será porque no sea correcto. Será porque no es conveniente. Y es aquí donde no puedo evitar pensar que si ese “dinero del gobierno” “hubiera bajado”, el evento se hubiera hecho y quizás alguien se hubiera quedado con un “vuelto”. Una “mordida”. Un “retorno”. Una “coima”. No puedo ser más claro. Porque sólo si no hay un beneficio económico para algún particular, se explica suspender lo que ya había movilizado tantas expectativas. Si ese Encuentro hubiera perseguido sólo el lícito objetivo de los enunciados escritos se habría concretado mediante una suma de voluntades. La lectura es clara: sólo se deja de concretar el negocio que se sabe fallido.

Es una pena. Por un tiempo creí, o deseé creer, que esta vez las cosas, los fines, las razones, las motivaciones, fueran distintas. Sospechando que si se habían retirado algunos “socios” y permanecían otros, difícil era que las cosas cambiaran. Y sólo cambiaron en algo: que esta vez hubo partes que no acordaron. Y como reflexiòn final (sobre todo a aquellos seudo místicos que dirán que lo que se sospecha es poner en el “otro” lo que está en uno, lindo argumento para ir a decirle, por ejemplo, a la mamá de una víctima de pederastía):  el sólo hecho de comprometerse en algo y no cumplirlo (aún sin negociado detrás, que no me lo creo) enfrentando cualquier pérdida económica (¿no es que darían la vida, después de todo, por la Palabra?) no sólo quita a estas personas toda seriedad: les quita toda representatividad de la auténtica Sabiduría Ancestral.

Finalmente, aquí, entre nosotros (total, no nos lee nadie), no sé qué me molesta más. Si las razones apuntadas o que supongan que somos tan básicos de aceptar que el motivo dado es razón suficiente.

Acotaciòn post edición: Apenas publicadas estas reflexiones, una lectora acercó este comentario, refiriéndose a los “organizadores”: “La Pachamama les negó su fuerza”

No me extrañaría.

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